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Cuando pensamos en las consecuencias del aumento del nivel del mar, a menudo imaginamos la erosión costera, las inundaciones y el desplazamiento de millones de personas.

Pero hay otro impacto, menos visible, pero potencialmente más devastador, que se esconde bajo la superficie: la liberación de grandes cantidades de metano de los humedales.

El metano es un poderoso gas de efecto invernadero que atrapa el calor en la atmósfera y contribuye al calentamiento global.

Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), el metano tiene un potencial de calentamiento global 28 veces mayor que el dióxido de carbono en un período de 100 años.

Los humedales son fuentes naturales de metano, ya que proporcionan condiciones anaeróbicas para los microbios que producen el gas a partir de materia orgánica. Los humedales representan alrededor del 30% de las emisiones globales de metano de fuentes naturales.

Sin embargo, no todos los humedales emiten la misma cantidad de metano. La salinidad del agua, que afecta la disponibilidad de sulfato, juega un papel clave en la regulación de la producción y el consumo de metano por parte de diferentes tipos de microbios.

El misterio del pico de metano

(Foto: Sean Gallup/Getty Images)

El sulfato es un aceptor de electrones alternativo para algunas bacterias que pueden superar a los microbios productores de metano en ambientes de agua salada.

Por lo tanto, se supuso que los humedales de marea, que están influenciados por el agua de mar, emitirían menos metano que los humedales de agua dulce.

Pero un estudio reciente realizado por biólogos de Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley (Berkeley Lab) y UC Berkeley cuestionó esta suposición y reveló un hallazgo sorprendente: una región de humedal expuesta a una ligera cantidad de agua de mar estaba emitiendo más metano que cualquiera de los sitios de agua dulce.

Los investigadores examinaron las características microbianas, químicas y geológicas de 11 zonas de humedales en el Área de la Bahía de San Francisco, desde agua dulce hasta salinidades totales de agua de mar.

Utilizaron secuenciación de alto rendimiento para analizar el ADN de los organismos encontrados en las muestras de suelo, incluidas bacterias, virus y hongos. También midieron los flujos de metano y las concentraciones de diversos compuestos en el suelo y el agua.

Descubrieron que en la mayoría de los sitios, la cantidad de metano emitido estaba inversamente relacionada con la cantidad de agua salada que fluía y se mezclaba con el agua del río.

Esto fue consistente con el efecto esperado del sulfato sobre el ciclo del metano.

Sin embargo, en un sitio, que había sido restaurado en 2010 desde un pasto estacional para el ganado a su hábitat de humedal original, el equipo vio altas emisiones de metano a pesar de la cantidad moderada de agua salada.

Este sitio tuvo el flujo de metano más alto de todos los sitios, incluso más alto que los sitios de agua dulce.

Este resultado desconcertó a los investigadores, ya que no podían explicarlo por la abundancia o diversidad de los microbios productores o consumidores de metano. También descartaron otros factores, como el pH del suelo, la temperatura y el contenido de carbono orgánico, que podrían afectar la producción de metano.

Según sus especulaciones, las altas emisiones de metano en este sitio podrían deberse a la presencia de óxidos de hierro en el suelo, que podrían actuar como donadores de electrones para los microbios productores de metano.

Los óxidos de hierro son comunes en los suelos de los humedales y los microbios pueden reducirlos en condiciones anaeróbicas.

Los investigadores también sugirieron que la restauración del sitio podría haber desencadenado un pulso de liberación de metano, ya que la descomposición de la vegetación herbácea podría haber proporcionado una gran cantidad de materia orgánica para los microbios.

Sin embargo, señalaron que se necesita más investigación para confirmar estas hipótesis y comprender los mecanismos detrás del aumento de metano.

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Las implicaciones para la mitigación del cambio climático

Los hallazgos del estudio tienen implicaciones importantes para estrategias de mitigación del cambio climáticoya que indican que los factores que rigen la cantidad de gases de efecto invernadero que se almacenan o emiten en los paisajes naturales son más complejos y difíciles de predecir de lo que se pensaba anteriormente.

Los investigadores enfatizaron que los humedales son ecosistemas valiosos que brindan muchos beneficios, como la purificación del agua, el control de inundaciones, la conservación de la biodiversidad y el secuestro de carbono.

También señalaron que los humedales pueden ayudar a amortiguar los efectos del aumento del nivel del mar al acumular sedimentos y materia orgánica.

Sin embargo, también advirtieron que los humedales podrían convertirse en fuentes importantes de metano en el futuro, a medida que el aumento del nivel del mar y el cambio de uso de la tierra alteren su hidrología y biogeoquímica.

Se deben impulsar estudios más completos y a largo plazo sobre las emisiones de metano de los humedales de marea, especialmente en regiones donde se están llevando a cabo o planificando proyectos de restauración de humedales.

También sugirieron que las prácticas de gestión de los humedales podrían optimizarse para reducir las emisiones de metano, por ejemplo controlando el nivel del agua, la salinidad y la vegetación.

Por ejemplo, plantar plantas tolerantes a la sal podría ayudar a aumentar la entrada de sulfato y disminuir la producción de metano en los humedales.

El estudio destaca la necesidad de un enfoque holístico y adaptativo para la conservación y restauración de los humedales, que considere no sólo los beneficios ecológicos y sociales, sino también los posibles impactos climáticos de estos hábitats vitales.

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