Se espera que el ciclo solar 25 alcance su punto máximo en 2024, será un ciclo débil-moderado

La actividad solar, el fenómeno que causa manchas solares, erupciones solares y eyecciones de masa coronal, sigue un ciclo de 11 años de altibajos.

Según un equipo de astrónomos del Observatorio Solar Nacional (NSO) y el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea (AFRL), se espera que el próximo pico de actividad solar se produzca en julio de 2024, alcanzando un número de 115 manchas solares.

Esto es ligeramente inferior al promedio de 140, pero aún más alto que el ciclo anterior, que tuvo un máximo de 82 en abril de 2014.

¿Cuáles son los efectos de la actividad solar en la Tierra?

(Foto: NASA vía Getty Images)


Actividad solar puede tener efectos tanto positivos como negativos en la Tierra y la civilización humana. En el lado positivo, las erupciones solares y las eyecciones de masa coronal pueden crear auroras espectaculares, o luces del norte y del sur, que pueden verse en regiones de altas latitudes.

También pueden mejorar la ionización de la atmósfera superior, lo que puede mejorar las comunicaciones por radio y los sistemas de navegación.

En el lado negativo, la actividad solar también puede plantear serias amenazas a nuestra tecnología e infraestructura.

Las llamaradas solares y las eyecciones de masa coronal pueden emitir intensas ráfagas de radiación electromagnética y partículas cargadas, que pueden interferir con satélites, redes eléctricas, redes de comunicación y dispositivos electrónicos.

También pueden dañar las naves espaciales y poner en peligro a los astronautas en órbita.

En casos extremos, la actividad solar puede provocar tormentas geomagnéticas, que son perturbaciones en el campo magnético de la Tierra que pueden inducir corrientes eléctricas en el suelo y afectar el funcionamiento de tuberías, ferrocarriles y cables de telecomunicaciones.

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¿Cómo podemos prepararnos para el próximo pico solar?

Los efectos de la actividad solar no son predecibles, ya que dependen de muchos factores, como la fuerza, duración y dirección de las erupciones solares, así como de la orientación y configuración de el campo magnético de la tierra.

Sin embargo, los científicos e ingenieros están trabajando en formas de monitorear, pronosticar y mitigar los impactos de la actividad solar en nuestra sociedad.

Una de las principales herramientas para observar y estudiar el sol es el Telescopio Solar Daniel K. Inouye (DKIST), que es el telescopio solar más grande y avanzado del mundo.

Ubicado en Hawaii, el DKIST puede capturar imágenes y espectros de alta resolución de la superficie y la atmósfera del sol, revelando los detalles de las manchas solares, los campos magnéticos y los flujos de plasma que impulsan la actividad solar.

Se espera que el DKIST comience a funcionar plenamente en 2021 y proporcione datos e ideas valiosos para el próximo ciclo solar.

Otra herramienta importante para pronosticar y alertar de la actividad solar es el Centro de Predicción del Clima Espacial (SWPC), que es un servicio de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).

El SWPC monitorea y analiza los datos de varios satélites y observatorios terrestres, y emite alertas y avisos para diferentes niveles de actividad solar y geomagnética.

El SWPC también proporciona orientación y recomendaciones para diversos sectores y usuarios, como la aviación, la energía eléctrica, las operaciones satelitales y la gestión de emergencias, sobre cómo prepararse y responder a los eventos solares.

Finalmente, una de las estrategias clave para mitigar los efectos de la actividad solar es mejorar la resiliencia y redundancia de nuestra infraestructura y sistemas críticos.

Esto significa diseñar y construir componentes y redes más robustas y flexibles, así como implementar planes de respaldo y recuperación en caso de interrupciones o fallas.

Por ejemplo, las compañías eléctricas pueden instalar dispositivos que puedan proteger transformadores y circuitos de sobrecargas, o aislar partes de la red que se vean afectadas por corrientes geomagnéticas.

Los operadores de satélites pueden ajustar las órbitas y orientaciones de sus naves espaciales, o cambiar a modos o sistemas de respaldo, para evitar daños o pérdida de funcionalidad.

Los individuos y organizaciones también pueden tomar precauciones, como desconectar o proteger sus dispositivos electrónicos, o disponer de medios alternativos de comunicación e información, en caso de tormentas solares.

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