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La naturaleza ha dictado algunas leyes y es difícil derogarlas. Nadie puede dejar de ver la relación que existe entre el juicio por jurado y la indemnización por daños y perjuicios por cada daño. Uno es consecuencia necesaria del otro.

¿Podría un jurado ajustar las acciones y contra-acciones en un caso complicado y otorgar la reparación precisa que la justicia podría requerir? Hay una imposibilidad moral en esto. ¿Qué doce hombres se pondrían de acuerdo sobre los términos de un decreto de equidad?

Igualmente impracticable sería que los jurados encontraran veredictos especiales en tales casos que abarcaran los detalles indispensables a ser considerados al formular el fallo del tribunal.

La actuación de un jurado, por tanto, en el proceso judicial, es incompatible con la adaptación de la reparación a las circunstancias especiales del caso. Por lo tanto, la indemnización por daños y perjuicios civiles, salvo en algunos casos de procedimientos en movimiento rápido del ojo, era el único modo de reparación admisible en los tribunales de derecho consuetudinario.

Por razones similares, las cuestiones que debían ser juzgadas por un jurado debían ser únicas y decisivas. Único, porque las cuestiones dobles y complejas tenderían a avergonzar y confundir, y conducirían al desacuerdo; y decisivo, porque de lo contrario no se podría emitir ningún juicio tras la conclusión.

Tales cuestiones no podrían producirse sin normas adaptadas a ese fin. De ahí vemos el origen de algunas de las estrictas normas del derecho consuetudinario alegando.

Creo que queda así claro que la forma del juicio por jurado, el modo de compensación por daños y las reglas de defensa del derecho consuetudinario guardaban entre sí una relación natural y necesaria como causa y efecto.

Aquí, pues, hay causa suficiente para la existencia del Tribunal de Cancillería. Como la indemnización por daños y perjuicios era un remedio completamente inadecuado en numerosos casos, se recurrió a las prerrogativas de la corona y a los principios de la jurisprudencia romana para buscar algún otro modo de reparación en tales casos. El resultado fue un tribunal con amplios poderes de equidad.