Crítica de la película Alien: Romulus | Filmfare.com
Alien: Romulus captura la esencia sin lujos del clásico de Ridley Scott de 1979, Alien, a través de una lente escalofriante y atmosférica. Al igual que en la primera película, aquí nuevamente tenemos a una heroína que intenta sobrevivir contra un villano invencible. En esta nueva entrega, la trama se centra en Rain (Cailee Spaeny), una joven trabajadora por contrato en una desolada colonia minera del espacio exterior. Rain, junto con su compañero androide Andy (David Jonsson), a quien ve como un hermano, sueñan con escapar de su dura existencia. Su oportunidad surge cuando escuchan sobre una estación espacial desierta que podría servir como su boleto de salida. Mientras ella, Andy y su grupo de amigos abordan la estación, los compañeros se encuentran en una lucha mortal contra una serie de abrazacaras que parecen estar en todas partes.

El director Fede Alvarez canaliza la tensión claustrofóbica y el terror atmosférico que definieron la película original de Scott. Alien era famosa por ser una película de una casa embrujada ambientada en el espacio, con los personajes atrapados en un único y amenazante lugar. En lugar de un fantasma o un monstruo, luchaban contra un ser extraterrestre. Romulus de Alvarez sigue esta fórmula probada y verdadera, creando una estación espacial que parece habitada y amenazante, casi como un personaje en sí misma. Si bien no coincide del todo con la claustrofobia implacable del original, la ambientación de Alvarez en Romulus y su estación gemela Remus logra evocar una sensación similar de terror y encierro, lo que refuerza lo bien que capta los elementos centrales que hicieron de Alien una obra maestra.

Los elementos de terror de la película están ejecutados con una intensidad atmosférica que rinde homenaje a las raíces de la franquicia. El terror no proviene solo de las criaturas alienígenas, sino de la sensación generalizada de aislamiento y vulnerabilidad. La dirección de Alvarez se asegura de que el entorno de la propia estación espacial contribuya al horror, sumergiendo a los espectadores en un paisaje de pesadilla donde cada rincón podría albergar una amenaza. El final de la película rinde homenaje tanto a Prometheus (2012) como a Alien: Covenant (2017), a través de un recurso argumental que ya habíamos visto en Alien Resurrection (1997), donde se veía a una Ripley clonada (Sigourney Weaver) dando a luz a un híbrido humano-alienígena. El fallecido Ian Holm, que interpretó al androide Ash en la película original, recibe un homenaje en forma del androide Rook, que se parece mucho a él. Daniel Betts presta su voz a esta versión.

Las actuaciones de los dos protagonistas elevan aún más la película. David Jonsson ofrece una actuación destacada como Andy, un personaje sintético cuya naturaleza dual (simpático e inquietante) refleja la complejidad de los papeles gemelos de Michael Fassbender en Alien: Covenant. La interpretación de Jonsson mantiene al público adivinando sus verdaderas intenciones, añadiendo una capa de intriga y tensión. Cailee Spaeny, como Rain, lleva el manto del legado heroico de la franquicia. Su actuación equilibra la vulnerabilidad con una determinación valiente, estableciéndola como una sucesora digna del papel icónico de Sigourney Weaver en Alien. La interpretación de Cailee aporta un toque fresco y convincente al personaje, añadiendo profundidad al núcleo emocional de la película.

En general, Alien: Romulus honra eficazmente el espíritu del clásico original de Ridley Scott, combinando el horror atmosférico con buenas actuaciones para crear una entrada apasionante en la franquicia.