Su trabajo revolucionario en la década de 1960 expuso el sentido prejuicioso de superioridad humana que comúnmente sostenían los expertos científicos que criticaban a Jane por “antropomorfizar” y dar nombres a los animales en lugar de números. Con humildad y respeto, se ganó la confianza de los chimpancés de Gombe. Observó su compasión, alegría y tristeza, lo que nos dio una nueva comprensión de las complejas vidas emocionales y culturales de nuestros compañeros primates. Ella documentó cómo los chimpancés fabricaban y usaban herramientas, habilidades que la mayoría de los científicos creían que eran exclusivas de los humanos. En respuesta, el respetado antropólogo Dr. Louis Leakey declaró: “Ahora debemos redefinir ‘herramienta’, redefinir ‘hombre’ o aceptar a los chimpancés como humanos”.
Jane se convirtió en una defensora de los chimpancés y otros animales, y en una conservacionista incondicional que luchaba por preservar hábitats naturales críticos. Se opuso a las prácticas extractivas, incluida la destrucción de ecosistemas para la agricultura animal. Durante décadas y hasta el final de su vida, viajó y trabajó incansablemente para defender el mundo natural y los seres más explotados del planeta, incluidos los animales de granja.