La huelga ha provocado miles de cancelaciones de vuelos en el aeropuerto de Bruselas este año. Crédito: Alexandros Michailidis, Shutterstock
Si volaste por el aeropuerto de Bruselas este año, es probable que lo hayas sentido. Vuelos perdidos, cancelaciones de último momento, terminales abarrotadas y una creciente frustración se convirtieron en parte de la rutina en 2025, cuando las huelgas paralizaron repetidamente el principal aeropuerto de Bélgica.
Nuevas cifras arrojan ahora una cifra clara sobre la perturbación. Según datos compartidos por el diputado Kjell Vander Elst (Open VLD), las huelgas en el aeropuerto de Bruselas provocaron la cancelación de 2.395 vuelos durante el año pasado, lo que afectó directamente a unos 330.000 pasajeros.
Para muchos viajeros, esas cifras reflejan experiencias muy reales: vacaciones retrasadas o canceladas, viajes de negocios perdidos y horas dedicadas a esperar actualizaciones que a menudo llegaban demasiado tarde.
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Siete días de huelga, miles de vuelos cancelados
En total, se registraron siete días de huelga en el aeropuerto de Bruselas en 2025. Puede que no parezca mucho sobre el papel, pero el impacto fue significativo.
A principios de este mes, el propio aeropuerto de Bruselas reveló que 275.000 pasajeros ya habían perdido un vuelo este año como resultado de la huelga. El efecto en cadena va mucho más allá de las paredes de la terminal. Según el aeropuerto, la perturbación ha costado a la economía belga cerca de 175 millones de euros.
Vander Elst describió la situación sin rodeos. “Cada día de huelga representa una pérdida de alrededor de 25 millones de euros para nuestra economía”, afirmó. Pero para él, el daño real no es sólo financiero.
“Lo que más me preocupa es el impacto a largo plazo en la reputación del aeropuerto”, añadió. “La confiabilidad lo es todo en la aviación, y una vez que los pasajeros y las aerolíneas pierden la confianza, es muy difícil recuperarla”.
Tensiones políticas y aumento de los impuestos a la aviación
La magnitud de la perturbación también ha reavivado el debate político sobre cómo se gestiona (y se grava el aeropuerto de Bruselas).
Vander Elst criticó lo que considera señales contradictorias del gobierno. Mientras que el Gobierno flamenco habría contraído una deuda de 3.000 millones de euros para proyectos destacados relacionados con el aeropuerto, señaló decisiones a nivel federal que, en su opinión, socavan la competitividad.
Según el actual acuerdo presupuestario, el gobierno federal planea aumentar el impuesto de salida a 10 euros por pasajero a partir de 2027. Ese impuesto ya se había incrementado de 2 euros a 5 euros el verano pasado.
“Para las compañías aéreas y los pasajeros, esto hace que Bruselas sea menos atractiva en comparación con los aeropuertos cercanos”, afirmó Vander Elst. “No se puede, por un lado, hablar de reforzar el aeropuerto y, por otro, hacer que volar desde Bélgica sea más caro y menos fiable”.
Para los pasajeros, el debate puede parecer abstracto. Pero los impuestos más altos y las repetidas huelgas en última instancia influyen en los precios de los billetes, las decisiones de ruta y la voluntad de las aerolíneas de seguir invirtiendo en Bruselas.
Bruselas Airlines insta al diálogo, no a la parálisis
En medio de una creciente frustración, Bruselas Airlines ha tratado de adoptar un tono más conciliador. En un comunicado publicado el viernes, la aerolínea dijo que no espera que los siete días de huelga observados en 2025 se repitan en 2026.
La aerolínea pidió a los sindicatos y al gobierno que se sentaran juntos y buscaran soluciones, destacando la importancia económica del aeropuerto de Bruselas no sólo para la aviación, sino para todo el país.
Bruselas Airlines también instó a todas las partes a considerar formas alternativas de protestar que no paralicen completamente el aeropuerto cada vez que se convoque una huelga. La aerolínea sugirió que, dado el papel del aeropuerto como pieza crítica de infraestructura, la idea de un servicio mínimo garantizado ya no debería ser un tabú.
Estos sistemas ya existen en otros países y sectores, diseñados para proteger los servicios esenciales respetando al mismo tiempo el derecho de huelga.
Pasajeros atrapados en el medio
Para los cientos de miles de viajeros afectados este año, el debate sobre política, impuestos y relaciones laborales ofrece poco consuelo inmediato. Lo que recuerdan son vuelos cancelados, viajes desviados e incertidumbre en la puerta de embarque.
Mientras el aeropuerto de Bruselas mira hacia 2026, hay un amplio acuerdo en un punto: una repetición de 2025 sería perjudicial, no sólo económicamente, sino también para la reputación.
Queda por ver si eso significa cambios en la forma en que se manejan las huelgas, un diálogo renovado entre los sindicatos y el gobierno o un replanteamiento de los impuestos a la aviación. Lo que está claro es que el aeropuerto de Bruselas no puede permitirse el lujo de ser visto como poco fiable en una región donde los pasajeros y las aerolíneas tienen muchas alternativas.
Por ahora, la esperanza (compartida por aerolíneas, políticos y viajeros por igual) es que las turbulencias de 2025 resulten ser una excepción, no una nueva normalidad.
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