La oposición se centró en esa misma debilidad el año pasado después de que un apagón eléctrico afectara al país durante varias horas en abril.
Gran parte de las últimas críticas han estado dirigidas al ministro de Transporte, Óscar Puente, quien ha sido el testaferro del gobierno en el accidente de Adamuz. Una figura divisiva, apodada “el Rottweiler de Sánchez”, es un pararrayos natural para la ira de la oposición.
Inmediatamente después del accidente, Puente insistió en que no había sido causado por un mantenimiento deficiente, una infraestructura obsoleta o una falta de inversión. Pero la oposición exige su dimisión, alegando que engañó a la opinión pública al sugerir que toda la línea en la que se produjo el accidente había sido reemplazada recientemente, lo que no fue el caso.
La portavoz del Gobierno, Elma Saiz, afirmó que Puente “ha estado donde tiene que estar y sigue ahí, dando explicaciones en busca de la verdad y siempre con empatía y acompañando a los familiares de las víctimas”.
Tensiones regionales
Mientras tanto, el caos ferroviario en Cataluña ha reavivado un antiguo agravio de los nacionalistas allí: que el Estado español ha invertido crónicamente insuficientemente en su red regional. Esquerra Republicana Catalana (ERC), aliada parlamentaria del gobierno, también ha pedido la dimisión de Puente.
Las tensiones de los últimos días guardan cierta similitud con las consecuencias de las inundaciones repentinas que mataron a 237 personas en el este de España en octubre de 2024. Se cree que el aparente mal manejo de esa tragedia por parte del gobierno local liderado por el PP, bajo el liderazgo de Carlos Mazón, entonces presidente de Valencia, ha erosionado el apoyo a los conservadores en la región y los ha perjudicado a nivel nacional.