El conflicto con el sector educativo, lejos de desescalar, arrecia, como se ha hecho evidente en la nueva jornada de huelga de este martes convocada por los sindicatos mayoritarios. Sin embargo, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, no altera ni un ápice la posición del Govern. La mano, asegura, está “tendida”, pero sobre la base de mantener intacto el acuerdo de mejoras salariales sellado con UGT y CCOO que no secundan Ustec, CGT, Aspepc y La Intersindical. “Estamos dispuestos a hablar de cómo implementamos ese acuerdo, a qué ritmo”, ha asegurado desde San Francisco, California. Para ello, ha emplazado a todos los actores a sentarse a hablar el jueves en la reunión convocada por la conselleria de Educació, pero dejando claro que el Govern no está por la labor de reabrir las condiciones de ese pacto. “Invertimos más que nadie en educación”, ha insistido.
Y es que, por más que este miércoles inicie una intensa agenda de reuniones en Silicon Valley para abrir paso a colaboraciones con tecnológicas, el eco de las protestas de los profesores es el principal quebradero de cabeza con el que tiene que lidiar el presidente en estos momentos. Más aún a las puertas de más paros y de que la consellera de Interior, Núria Parlon, y el director general de los Mossos, Josep Lluís Trapero, comparezcan este miércoles en el Parlament para dar cuenta de la polémica infiltración de dos agentes policiales de paisano en una de sus asambleas preparatorias de la huelga. Sobre este asunto, se ha limitado a repetir que la policía catalana cuenta con su “respeto y consideración”.
Entre 400 y 500 euros al mes
Durante las manifestaciones de este martes los docentes han evidenciado cómo este hecho ha encendido aún más unos ánimos, que ya se habían avivado cuando se hizo público el plan piloto que permite que mossos intervengan en la mediación de conflictos en los institutos. Más de la mitad de los 14 centros que debían probar esta nueva dinámica ya han pedido salir del proyecto. Pero los profesores también han vuelto a dejar claro el origen del pulso con el Govern, que es la reivindicación de un incremento de salario -Ustec ha concretado que debería ser de 400 euros y 500 euros al mes para parar las protestas- y de una reducción de las ratios, además de bajar la carga burocrática que asumen los profesores.
La respuesta del presidente ha sido recordar los 2.000 millones de inversión anunciados, una cantidad que en el Govern insisten que no tiene parangón, además de pedir al sector educativo que se acoja al “principio de realidad” sobre el margen que tiene el para subir más los sueldos después de haber pactado ya unas mejoras que empezarán a repercutirse en las nóminas de mayo en situación de prórroga presupuestaria. Para la consellera Niubó, lo planteado es una posición de “máximos”, mientras que los sindicatos convocantes de las huelgas sostienen que ya han rebajado sus reclamaciones iniciales.
Hasta ahora, la estrategia del Executiu pasa por aguantar el chaparrón hasta final de curso con la aspiración de que, acabado junio, con el verano de por medio y con unos nuevos presupuestos en el zurrón, se calman las aguas para reconducir la situación en septiembre.
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