¿Podrían las cámaras de tráfico detectar su teléfono? « Noticias semanales del euro

Los expertos en privacidad cuestionan las capacidades de las cámaras de tráfico de próxima generación. Crédito: gph-foto.de, Shutterstock

La mayoría de los conductores suponen que las cámaras de tráfico en las carreteras sólo están interesadas en una cosa: leer las matrículas. Pero los expertos en privacidad advierten que la próxima generación de cámaras de tráfico podría recopilar mucha más información de la que muchos conductores creen.

La llamativa tecnología combina el reconocimiento automático de matrículas (ANPR) con sensores capaces de detectar señales cercanas de Bluetooth, WiFi y RFID. En teoría, eso significa que una cámara podría identificar no sólo la matrícula de un vehículo que pasa, sino también los dispositivos electrónicos que viajan en su interior, incluidos teléfonos móviles, relojes inteligentes, auriculares inalámbricos, sistemas de automóviles conectados e incluso microchips para mascotas. La posibilidad ha provocado un debate más amplio en toda Europa sobre dónde termina la gestión del tráfico y comienza la privacidad personal.

Los partidarios creen que la tecnología podría mejorar la planificación del transporte y ayudar a las autoridades a comprender los flujos de tráfico con mayor precisión. Los críticos argumentan que combinar datos de vehículos con identificadores de dispositivos electrónicos podría facilitar mucho la creación de perfiles de movimiento detallados de los ciudadanos comunes. Si bien estos sistemas no se utilizan ampliamente para este propósito, el debate va en aumento a medida que la tecnología en las carreteras se vuelve cada vez más sofisticada.

Lo más leído en Euro Weekly News

Cómo podría funcionar la nueva tecnología de cámaras de tráfico

Las cámaras ANPR tradicionales han sido utilizadas durante años por las fuerzas policiales, los operadores de autopistas y las autoridades locales.

Su trabajo es sencillo. Una cámara captura una imagen de un vehículo que pasa, lee la matrícula y la compara con las bases de datos relevantes. La tecnología ayuda a detectar vehículos robados, hacer cumplir los límites de velocidad, gestionar las carreteras de peaje y controlar las condiciones del tráfico.

Los últimos sistemas que se están discutiendo añaden otra capa.

Junto a la cámara se encuentra un equipo que puede detectar pasivamente señales inalámbricas que ya emiten dispositivos electrónicos cercanos.

La mayoría de nosotros llevamos varios dispositivos que se comunican continuamente mediante Bluetooth o WiFi. Los teléfonos buscan conexiones, los relojes inteligentes se comunican con los teléfonos móviles, los auriculares inalámbricos se emparejan automáticamente y los vehículos conectados intercambian información con los sistemas a bordo.

Cada uno de estos dispositivos transmite identificadores técnicos.

Por sí solos, esos identificadores son simplemente parte de cómo funciona la tecnología moderna.

La preocupación comienza cuando esos identificadores se capturan exactamente en el mismo momento que la matrícula de un vehículo.

Si el mismo teléfono, reloj inteligente y par de auriculares inalámbricos se detectan repetidamente dentro del mismo vehículo, comienzan a formar un patrón.

Con el tiempo, ese patrón podría crear lo que los especialistas en privacidad describen como una huella digital.

En lugar de identificar solo un vehículo, el sistema podría potencialmente reconocer que el mismo conjunto de dispositivos viajan juntos regularmente, siguen rutas particulares o aparecen en los mismos lugares.

Ese nivel de detalle va mucho más allá de lo que originalmente fueron diseñadas para recopilar las cámaras de tráfico convencionales.

Por qué los expertos en privacidad están preocupados

Gran parte del debate se centra en si la información involucrada debe tratarse como datos personales.

Dentro de la Unión Europea, el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) ya reconoce que ciertos identificadores electrónicos pueden calificarse como datos personales si permiten distinguir o seguir a un individuo.

Ahí es donde comienzan las cuestiones jurídicas. Una matrícula por sí sola ya proporciona información que debe manejarse con cuidado.

Cuando se vincula con identificadores Bluetooth, señales WiFi o etiquetas RFID, la cantidad de información disponible aumenta considerablemente.

Los especialistas en privacidad sostienen que las observaciones repetidas podrían revelar mucho más que por dónde ha viajado un vehículo.

Potencialmente, podrían mostrar qué dispositivos viajan juntos regularmente, si alguien ha cambiado de vehículo o si los mismos dispositivos electrónicos aparecen en determinadas direcciones todos los días.

La tecnología tampoco se limitaría a los teléfonos móviles.

Dependiendo de los sensores instalados, podría detectar relojes inteligentes, auriculares inalámbricos, rastreadores de actividad física, sistemas de control de la presión de los neumáticos, tarjetas de acceso RFID, dispositivos de seguimiento Bluetooth e incluso chips de identificación utilizados para mascotas.

Los expertos en ciberseguridad también han planteado otra cuestión.

Los sistemas de cámaras de tráfico ya almacenan grandes cantidades de información relacionada con la ubicación. Si los sistemas futuros recopilaran identificadores electrónicos adicionales, podrían convertirse en objetivos aún más valiosos para los piratas informáticos que buscan obtener datos de movimiento o patrones de viaje personales.

Por esa razón, los defensores de la privacidad dicen que cualquier uso futuro requeriría estándares de seguridad particularmente estrictos, límites claros a la retención de datos y total transparencia sobre cómo se procesa la información.

El debate realmente gira en torno a dónde debería detenerse la tecnología.

Los partidarios de estas tecnologías argumentan que podrían ofrecer beneficios genuinos.

Comprender cómo se mueven los vehículos por pueblos y ciudades permite a las autoridades mejorar el trazado de las carreteras, reducir la congestión y tomar mejores decisiones de transporte.

Datos de movilidad más detallados también podrían ayudar en las investigaciones policiales en casos específicos en los que es importante identificar patrones de movimiento.

Los críticos no necesariamente cuestionan esas posibles ventajas. Más bien, cuestionan si es proporcionado recopilar información adicional sobre los dispositivos electrónicos que llevan los conductores comunes.

Otra preocupación es que la mayoría de la gente no tendría idea de que se estaba recopilando información.

A diferencia de descargar una aplicación o aceptar cookies de un sitio web, es posible que no haya una interacción obvia desde el punto de vista del usuario.

Simplemente subirse a un automóvil con Bluetooth encendido, usar un reloj inteligente o llevar auriculares inalámbricos podría ser suficiente para que los equipos cercanos detecten esas señales si se estuviera utilizando la tecnología.

Esa posibilidad es la razón por la que las organizaciones de privacidad creen que debería realizarse un debate público antes de que tales sistemas se generalicen.

Argumentan que los ciudadanos deben saber exactamente qué datos se recopilan, quién tiene acceso a ellos, durante cuánto tiempo se almacenan y qué salvaguardas existen para evitar su uso indebido.

Por el momento, gran parte de este debate sigue centrado en lo que la tecnología es capaz de hacer y no en cuán extensivamente se utiliza actualmente.

Aun así, refleja un desafío más amplio al que se enfrentan los gobiernos de toda Europa.

Se introdujeron cámaras de tráfico para mejorar la seguridad vial y hacer cumplir la ley. A medida que la tecnología digital evoluciona, sus capacidades potenciales continúan ampliándose.

Que esas nuevas capacidades sean finalmente adoptadas, restringidas o rechazadas dependerá no sólo de lo que la tecnología puede hacer, sino también de qué tan cómodo se sienta el público con el equilibrio entre carreteras más inteligentes y protecciones de privacidad más sólidas.