The Economist: “Tan sólo en los últimos dos meses, Donald Trump ha descrito a candidatos demócratas anónimos como ‘jihadistas’ y ‘lunáticos radicales’. Se ha burlado del peso y la apariencia de sus oponentes, ha dicho que odia a Adam Schiff, un senador demócrata de California, y se ha referido a James Talarico, el candidato demócrata al Senado en Texas, como “Tal-a-freak-o”. También ha atacado a antiguos aliados republicanos, llamando a Tucker Carlson y a otros ‘perdedores’, mientras describe a Marjorie Taylor Greene como ‘neurótica’”.
“La retórica del presidente es insultante, combativa y enojada. Por supuesto, no es el primer político que cultiva la indignación. Spiro Agnew, vicepresidente de Richard Nixon, se deleitaba atacando a la prensa. Newt Gingrich, ex presidente de la Cámara, era un maestro en atizar el resentimiento. Durante décadas, la justa indignación ha sido el estado de reposo de Bernie Sanders, un senador independiente de Vermont. Pero una nueva investigación sugiere que la política estadounidense está más enojada que nunca”.