Las muertes relacionadas con el calor alcanzan un máximo histórico en España con 5.232 este año, 2.147 en agosto

Según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), junio y julio registraron una media asombrosa de 2,9°C por encima de lo normal, batiendo récords climáticos anteriores y el sistema de seguimiento de la mortalidad diaria por todas las causas (MoMo) estima que en lo que va de año se han producido 5.232 muertes atribuibles a las altas temperaturas -la cifra más alta registrada-, de las cuales 2.147 se han producido en agosto.

Esto ha superado las cifras de los dos veranos más mortíferos desde 2015, cuando comenzó la serie temporal MoMo. El sistema no cuantifica las muertes reales, sino que produce una proyección estadística cruzando datos sobre umbrales máximos de temperatura y defunciones de los registros civiles con cifras de otros años: 2022, cuando se registraron 4.789 muertes, y 2023 (3.035).

Sin embargo, las cifras aún no han alcanzado las del histórico verano de 2003, cuando unas 13.000 personas perdieron la vida en España a causa de las altas temperaturas, lo que llevó al Ministerio de Sanidad a diseñar e implementar un plan para prevenir los efectos del calor en la salud.

Este plan se activa cada año el 15 de mayo; En 2026, desde esa fecha hasta este lunes, el MoMo estima un total de 5.232 muertes. Julio terminó con 2.025 muertes, frente a 1.060 en 2025, lo que lo convierte en el segundo más mortífero desde 2022, cuando se registraron 2.217 muertes.

Mientras tanto, a la espera de las cifras definitivas (que tardarán alrededor de una semana en concretarse), agosto de 2026 se sitúa este lunes en 2.147, una cifra similar a la del año pasado, que actualmente es la más mortífera desde 2015 con 2.172.

La gran mayoría de las muertes de este verano, como cada verano, se han producido entre personas de 65 y más años (5.048), especialmente entre los mayores de 85 años, que representan el 62 por ciento del total con 3.256 muertes. Además, las mujeres, que representan el 60 por ciento del total, son las más afectadas. Los termómetros subían regularmente a mediados de los 40 grados, con múltiples regiones preparándose para picos de 45°C (113°F) durante sucesivas olas de calor.

Fue el período junio-julio más seco desde 1961. El terreno seco provocó incendios forestales catastróficos, incluido un incendio sin precedentes que destruyó más de 50.000 hectáreas en la provincia de Ávila. El clima extremo afectó fuertemente a la agricultura y el turismo, y los analistas estiman que el brutal verano podría costarle a la economía española hasta 24 mil millones de euros.

Las olas de calor históricas se niegan a ceder; A medida que España avanza hacia septiembre, la alta presión que empuja el aire caliente desde el norte de África mantiene las temperaturas oscilando entre 40°C y 45°C en todo el suroeste de Europa.