17 de julio de 2026. El ministro Óscar Puente llegaba a la sede de Radio Nacional para conceder una entrevista. El tema de aquella veraniega jornada era la resolución del Tribunal de Justicia Europeo avalando la amnistía. Como casi todo el Ejecutivo, él estaba eufórico. Con ese sello propio que consiste en ir siempre dos pasos más allá que el siguiente en el escalafón de los osados, Puente retó a Puigdemont a presentarse en España de sopetón, en un acto de “importante carga política”. Oh mar, provocando su detención. Junts se enfadó muchísimo. Varios cargos socialistas quedaron perplejos. Pero al ministro le daba igual. “Yo digo lo que pienso, ya sabéis”, dijo tras su entrevista a los periodistas que le acompañaban esa mañana.
Cuando Puente iba a abandonar el estudio, se comentó en conversación informal que ese día había problemas en las cercanías de Madrid. Otra vez. El ministro apuntó que se debía a un “fallo humano” en las obras de la estación de Atocha. Su relajada gestualidad evidenciaba que a esas alturas respondían a críticas por desajustes habituales en cercanías de aquí y de allá no le descolocaba, después de haber hecho frente en el arranque del año a una tragedia con mayúsculas como Adamuz.
El ministro de Transportes, Óscar Puente. / José Luis Roca
Esa jornada radiofónica de julio y algunas frases del ministro quedaron apuntadas en mi c.uaderno de trabajo. “Si fuera Puigdemont, me plantaba hoy en España”. “Madrid-Atocha: fallo humano”. Repasando ahora aquellas libretas para poder escribir este artículo, aquel viejo entrecomillado de “fallo humano”, referido entonces a una avería menor, se queda inevitablemente enganchado a la retina. “Fallo humano”, “fallo humano”, “fallo humano”.
La razón es que justo esa frase, sugerida ahora por el ministro en un contexto mucho más serio y dramático, lo agita todo. Su apresuradísima insinuación de que precisamente un error humano está detrás del reciente y mortal accidente ferroviario de Toledo, como hizo en su primera comparancia tras el choque de los trenes, ha hecho que hasta sus socios parlamentarios pidan su dimisión. La dimisión de él, notable gestor en cargadas ocasiones pero también tuitero de mecha corta. Él, que hasta hace poco se permitía jugar con sus posibilidades de suceder a Sánchez… el presidente que tampoco quiere irse y que ahora anima a Puente a seguir (de momento), dando la cara. O poniendo las dos mejillas para que los previsibles golpes aún de precampaña se concentren ahí.
Sepan que este texto inaugura la serie que lleva por nombre ‘Lo suyo es imposible’. Pues lo acaecido en Toledo hace imposible e inviable lo de Puente con mucha gente (también ministros) que considera que debe dejar su cargo. Una de esas personas es Ada Colau, candidata del Frente Amplio a las generales del 29-N. Lo de Colau, que hasta ha llamado a Moncloa para reclamar el cese del ministro en las próximas horas, es muy significativo. Relevante.
Colau no es solo la hipotética socia del PSOE en el escenario de una remontada con la que soñaban, hasta hace unos días, los socialistas. No es una pareja de baile de futuro. Es parte de su presente. Es socia oficial de campaña electoral. Los del puño y la rosa y los del Frente Amplio van juntos al Senado para tratar de frenar, al menos en esta Cámara, el avance de la derecha. Eso le otorga un estatus diferente a otros partidos que hasta ahora habían apoyado a los socialistas y que, como Colau, quieren, necesitan, una dimisión inmediata que Puente dice haber ofrecido, sin éxito, a su jefe.
La candidata del Frente Amplio al Congreso, Ada Colau. / David Zorrakino / Europa Press
Para ella es y será indigerible que el ministro haya señalado con su estrategia de comunicación en estos días a un trabajador del centro de control de Adif, ojo, a un trabajador, con la carga simbólica que eso tiene para la izquierda a la izquierda del PSOE (sumen a los sindicatos). Por lo poco que se conoce hasta ahora, incluidos audios de alguna de las conversaciones entre el controlador y los maquinistas de los trenes antes del accidente, es bastante claro que fallo humano hubo. Pero queda conocer el porqué. Y ese fallo fue el terrorífico colofón a lo que parece otra serie de fallos previos en cadena ligados a la seguridad.
Puente se siente responsable de “buscar soluciones”. Este martes se llevarán medidas de seguridad al Consejo de Ministros y, por la tarde, al Congreso. No se ve como un último para el “proyecto”. Pero el “proyecto” de los socialistas ya está cojo sin sus socios en listas electorales. Y Colau exige que Puente se vaya. Lo suyo, claramente, es ya imposible.