En la guerra de Ucrania, primero fueron los teléfonos móviles que llevan los soldados; después, drones y tabletas; después, los satélites de órbita baja de Starlink; después, más y más drones… Centenares de millas de sensores están desplegados en el frente, y “reportan cada día no menos de 60 terabytes de datos”. Tan tremendo flujo de información supone el reto de cómo procesarlo, según describe el general Carlos Javier Frías, Jefe de la División de Desarrollo de la Fuerza en el Estado Mayor de la Defensa. En su opinión, ya acaeció “el fin del campo de batalla como lugar oscuro”.
De hecho, al “campo de batalla transparente”, aquel en el que el mando puede ver todos los movimientos de su enemigo, lo complementa el “campo de batalla inteligente”, en el que los ejércitos precisan procesar y hacer inteligibles billones de partículas de información para tomar decisiones. En ese escenario, las armas baten objetivos con una precisión nunca alcanzada hasta ahora. Ucrania ha demostrado que en la “guerra algorítmica” que ya ha llegado, el defensor obtiene ventaja sobre el agresor, pero por eso mismo “se incentiva el ataque por sorpresa, pues el agresor no querrá dar tiempo al defensor a preparar” y atesorar ventaja.
El de la nueva guerra es un escenario “en el que a todo el que se mueve lo ataca el dron, o el dron pide fuego sobre él”. Son los trazos del cuadro que ha pintado Frías, reconocido teórico militar, como ponente en las Jornadas de Retos Futuros del Ejército de Tierra que se celebran en el salón de actos de la Escuela de Guerra y Liderazgo, una estancia de aire basilical, con vidrieras y pantallas, llena de público civil y militar, en la calle madrileña de la Princesa. Allí se debate cómo adaptar a España ante el cambio acelerado de la nueva guerra.
Soldados sin escondite
Las jornadas, que continúan este jueves, concitan a altos oficiales, ejecutivos de empresa y científicos. Las ampara el Mando de Doctrina del Ejército desde 2015. Dice a este diario el general Fernando Luis Morón, director de Investigación, Doctrina, Orgánica y Materiales del Ejército de Tierra, que las jornadas son “un foro de pensamiento sobre los dilemas que tenemos para adaptarnos a los cambios que están ocurriendo en el entorno operativo”.
Habla Morón en plena época de intensificación en Europa de los ataques en zona gris, sabotajes de autoría desconocida a fábricas de armamento, amenazas contra militares, incursiones aéreas no autorizadas cada vez más intensas y frecuentes… El objetivo del Ejército es que “las Fuerzas Armadas y la defensa española no sean algo reactivo, sino anticipatorio, que no nos preparamos para que lo que ya ha ocurrido, sino para lo que va a ocurrir”, dice Morón.
Un momento de debate en las Jornadas sobre guerra algorítmica en Madrid / EGLET ET
En un saludo a los asistentes, el Jefe de Estado Mayor del Ejército (JEME), Amador Enseñat, ha recordado que “estamos ante una transformación profunda de la guerra”. En la profusión de sensores, comunicaciones y datos masivos que procesan en el campo de batalla inteligente… en todo este gran cambio, “no estamos asistiendo simplemente a la incorporación de nuevas armas, sino a una modificación de las condiciones en que se desarrolla el enfrentamiento militar”.
Ciertamente, la guerra algorítmica, en combinación con la guerra de los drones y la guerra robótica, aflora en la experiencia ucraniana con un campo de batalla “más inteligente, más transparente… y más peligroso”, ha explicado el JEME. La transparencia y el algoritmo que la comprende inmovilizan el frente, porque “reduce las posibilidades de ocultación, aumenta la vulnerabilidad de las tropas”.
La IA, a filas
En ese nuevo mundo, las Fuerzas Armadas planean obtener superioridad en el dominio de los datos, y que, si todo cae bajo un ataque, haya “resiliencia para continuar combatiendo cuando los sistemas fallan”, ha dicho Enseñat. Para eso se alista a la Inteligencia Artificial. “La IA es una infraestructura estratégica”, ha sentenciado el teniente general Luis Sáez Rocandio, jefe del Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad.
Uno de los generales más al tanto del despliegue disuasorio de la OTAN en el Este de Europa, Sáez Rocandio ha defendido en las jornadas que España ha de contar con “una nube de combate soberana, con su propia soberanía de datos”. Esa nube de combate, el conjunto de millones de datos de millas de fuentes orquestados con la ayuda de la inteligencia artificial, ha de combinarse con las nubes de combate soberanas de los demás países aliados en la construcción de la defensa occidental.
El general Fernando Morón, director de Investigación, Doctrina, Orgánica y Materiales del Ejército / EGLET
La Alianza Atlántica trabaja en ello, ha contado, en una receta 20-40-40. El 20 lo integrarán las plataformas tradicionales: carros de combate, blindados, vehículos de transporte de tropa. Un 40 ha de estar formado por material “desgastable, perdible pero evolucionable”, ha dicho aludiendo a los drones. El otro 40 está claro por armas inteligentes de largo alcance, misiles, cohetes de muy alta precisión y potencia que golpean lejos del frente.
Aviso de ciberataques
Pero ninguno de estos preparativos tiene vigencia asegurada si no cuentan con un escudo cibernético robusto. El vicealmirante Francisco Javier Roca, jefe del Mando Conjunto del Ciberespacio (MCCE), ha hecho una severa advertencia en estas jornadas, obligando a la autocrítica a los oficiales asistentes: “No sabemos utilizar la nube de combate, aunque nos dé todos los datos del mundo”, ha avisado, para exigir un “urgente cambio de mentalidad: todavía no nos creemos que el ciberespacio es un dominio de operaciones”, y, ciertamente, “si tú no sabes pegar, vas a perder seguro”.
Los teóricos de las Fuerzas Armadas piden una nube de combate soberana, escudo contra ciberataques e integración de todas las fuerzas del país en el esfuerzo de la defensa.
Roca sorprendió a los militares reunidos relatándoles un catastrófico cuadro imaginario, que pudiera hacerse real el 17 de agosto de 2027 a partir de las cuatro de la mañana, por poner una fecha y una hora. Despliegue de carros Leopard españoles en el Báltico. Ha comenzado una invasión hostil en la frontera. Cuando los tanques se disponen a salir, una ciberintromisión en el sistema de mantenimiento mecánico a través de un contratista descuidado propicia que los motores se sobrecalienten hasta arder. Cuando los militares encargados de las reparaciones van a pedir piezas, sus credenciales han sido anuladas por otro ciberataque.
Los carros están parados, y las comunicaciones fallan por otro ciberataque. Hasta los teléfonos móviles de los soldados se ven asaltados por cibercriminales… o por las llamadas angustiadas de sus familias, a las que previamente la potencia atacante -pongamos que es Rusia- ha alterado con llamadas maliciosas e inquietantes. Llega entonces un dron, señala objetivos… “y la base empieza a recibir fuego de artillería”. Aún no es medio día.
El vicealmirante Roca, durante su intervención en las jornadas sobre guerra algorítmica en Madrid / MADOC ET
Roca ha tratado de remover mentalidades exponiendo ese escenario peor, una derrota en solo unas horas. Recibir un ataque en el ciberespacio “es mucho más probable que el impacto de un misil”. Para el jefe del MCCE, las nuevas tecnologías en la guerra “multiplican las capacidades y las amenazas a un ritmo que supera a otros hitos históricos, como la aparición de la artillería o incluso la aviación”.
Los gobiernos europeos temen la posibilidad de ataques a las redes de pago online, la energía, el transporte, las máquinas que mantienen fríos los alimentos… Dice el general Morón, que “ya la defensa se concibe como la suma de todos los elementos del poder nacional”, en un esquema de “escenarios de guerra híbrida y acciones en zona gris, para los que la defensa no empieza en el choque militar en sí, sino que está ocurriendo ya, en tiempo de paz, en esas agresiones por debajo del umbral del conflicto, que ya están minando nuestra capacidad de defensa colectiva”.
Puede que la irrupción del algoritmo acreciente ciertas tentaciones y se aproxime a esta generación a la vivencia de una guerra. Morón, cuya misión es interpretar el futuro, no niega la posibilidad: en la guerra híbrida a la que asistimos en Europa, “siempre puede haber un error de cálculo del ofensor, que le llevará a sobreactuar”, considera; pero señala también que “todos los países de la OTAN, y España” trabajan en “una postura proactiva, determinación a respuesta de forma coordinada y enérgica”. O sea, la base de la disuasión, “que el conflicto armado no sea una posibilidad”.
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