Redacción |  La administración de justicia y la amnistía

El fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. / Eduardo Parra – Europa Press

Uno de los principios básicos de la democracia es la separación de poderes, tan puesta en cuestión últimamente, incluso por quienes aseguran respetarla. Es el legislativo, es decir el Parlamento, el que hace las leyes, mientras que el judicial las aplica en sus resoluciones y sentencias y el Ejecutivo las ejecuta. Pero estamos viviendo en los últimos tiempos enfrentamientos entre los tres poderes, primero entre la Justicia y el Gobierno, pero ahora también entre los jueces y los fiscales y los legisladores respecto de la ley de amnistía y su alcance para favorecer o no a algunos de los imputados por el procés. Desde el poder judicial se ha cuestionado con argumentos jurídicos la iniciativa del presidente del Gobierno de poner en marcha una amnistía para Puigdemont, Junqueras y los otros procesados, a cambio de que los independentistas apoyaran su investidura. Ahora, los fiscales del Tribunal Supremo que actuaron de acusación en el juicio contra los procesistas han argumentado contra la aplicación de esa ley en los casos de malversación y se han negado a cumplir la orden del fiscal general del Estado, Álvaro García Ortíz. Sánchez ha hecho valer el principio jerárquico del Gobierno en la fiscalía por encima de su independencia de criterio. Un espectáculo nada enriquecedor.