Las playas de la Costa del Sol están desapareciendo lentamente debido al cambio climático, el uso del suelo y otras actividades humanas, revela una serie de impactantes fotografías publicadas en La Opinión de Málaga.
Las fotografías satelitales se toman de Arraiján Playa en la zona de Guadalmar del litoral malagueño y de Torre del Mar Playa cercana a Vélez-Málaga entre 1957 y 2023.
Muestran el avance del mar hacia los desarrollos humanos, lo que ha llevado a la Demarcación Costera de Andalucía declarar las zonas “en riesgo de regresión grave”, lo que implica límites a la construcción futura.
Un riesgo de “regresión grave”, como el informe Las notas indican que la línea de costa ha retrocedido al menos cinco metros por año durante cinco años y que es poco probable que la línea de costa original pueda recuperarse mediante procesos naturales.
Según el informe, el litoral malagueño ha perdido unos 200.000 metros cuadrados de playa desde mediados del siglo XX, y los tramos más erosionados de Arraijanal han perdido una media de 7,26 metros al año entre 2016 y 2022.
Durante este período de tiempo, gran parte de la costa malagueña ha retrocedido entre 20 y 45 metros, y desde que comenzaron las mediciones en 1957, algunas zonas han retrocedido hasta 140 metros.
Para compensar la pérdida de playa, las autoridades han estado agregando arena a la unidad de playa de Arraijanal a través de estaciones de bombeo, señala el informe, y en 2020 se agregaron unos 16.000 metros cúbicos.
Un reciente estudiar El estudio realizado por el Gobierno de Málaga atribuye la erosión costera de las últimas décadas principalmente a la alteración del flujo natural de sedimentos causada por la “ocupación urbana de las playas” y las “sucesivas ampliaciones del puerto”.
Otros factores incluyen la extracción de arena de los lechos de los ríos para proyectos de construcción, la regulación artificial de los ríos y la construcción de embalses, y la eliminación total de grandes áreas de costa en las últimas décadas para la construcción de carreteras y proyectos de vivienda.
Además, los rompeolas de las centrales térmicas a lo largo del río Guadalhorce y sus afluentes, que desembocan en el océano justo al sur de Málaga, interrumpen el flujo natural de arena del río hacia las playas circundantes.
La erosión costera se ha extendido a lo largo de la Costa del Sol durante décadas, y el gobierno de Málaga ha documentado la regresión de la costa al menos desde principios de la década de 2000.
La famosa playa de La Malagueta en la ciudad de Málaga casi desapareció debido enteramente a la construcción de vías urbanas, y tuvo que ser reconstruida en la década de 1990.

Un estudio del gobierno de 2006 señala que algunas de las principales causas de la regresión costera y la desaparición de playas son “la extracción de arena y grava de la costa y de los canales”, la “destrucción y ocupación de las franjas costeras por edificaciones e infraestructuras urbanas”, así como el hecho de que la erosión se ve “agravada por los efectos del cambio climático, el aumento del nivel del mar” y “tormentas cada vez más fuertes y frecuentes”.
Desde el estudio de 2006, tanto la frecuencia como la intensidad de las tormentas han aumentado, incrementando la presión sobre la geología costera ya estresada, que se ha vuelto vulnerable a la mayor actividad humana.
En el informe, la Demarcación Costera estima un aumento en la intensidad de las tormentas de hasta cuatro veces desde mediados del siglo XX.
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