Japón es conocido por sus frutas caras y de alta calidad, como las uvas Ruby Roman, que pueden venderse por hasta 11.000 dólares el racimo.
Sin embargo, la industria frutícola del país enfrenta múltiples desafíos, como el cambio climático, la escasez de mano de obra, el envejecimiento de los agricultores y la creciente competencia de las importaciones extranjeras.
¿Cómo afrontan estas dificultades los productores de fruta de Japón y cuáles son las perspectivas de futuro de este sector?
El cambio climático amenaza las frutas premium de Japón
(Foto: FRANCOIS NASCIMBENI/AFP vía Getty Images)
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Uno de los principales desafíos para La industria frutícola de Japón es el impacto del cambio climático, que ha provocado patrones climáticos erráticos, temperaturas extremas y desastres naturales.
Estos factores afectan la calidad y cantidad de frutos, así como el momento de la cosecha y la comercialización.
Por ejemplo, en 2023, Japón experimentó una ola de calor sin precedentes en julio, seguida de lluvias torrenciales e inundaciones en agosto.
Estos fenómenos meteorológicos dañaron muchos cultivos frutales, especialmente la uva, que es sensible a los cambios de temperatura y humedad.
Según la Asociación de Cooperativas de Productores de Frutas de Japón, se estima que la producción de uvas en 2023 caerá un 10% en comparación con el año anterior.
El cambio climático también representa una amenaza para el cultivo de algunas de las frutas más emblemáticas de Japón, como el melón Yubari y la manzana Aomori.
Estas frutas requieren condiciones climáticas y calidad del suelo específicas para crecer, y cualquier desviación de estos factores podría comprometer su sabor y apariencia.
Por ejemplo, el melón Yubari, que se cultiva en invernaderos en Hokkaido, necesita una diferencia de temperatura de al menos 15 grados centígrados entre el día y la noche para desarrollar su dulzura y aroma.
Sin embargo, a medida que aumenta la temperatura promedio en Hokkaido, esta diferencia se vuelve más difícil de lograr.
Para hacer frente a los efectos del cambio climático, algunos productores de frutas están adoptando diversas medidas, como ajustar las fechas de siembra y cosecha, utilizar redes y cubiertas protectoras, instalar sistemas de refrigeración y calefacción y desarrollar nuevas variedades más resistentes a los cambios climáticos.
Sin embargo, estas medidas implican costos y mano de obra adicionales, lo que podría afectar aún más la rentabilidad y la sostenibilidad de la industria.
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La industria frutícola de Japón enfrenta una creciente competencia de las importaciones extranjeras
Un desafío para la industria frutícola japonesa es la aumento de la competencia de importaciones extranjeras, que se han vuelto más accesibles y asequibles para los consumidores japoneses, gracias a los acuerdos de libre comercio que Japón ha firmado con varios países y regiones, como el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) y la Asociación Económica. Acuerdo (AAE) con la Unión Europea.
Según la Organización de Comercio Exterior de Japón, el valor de las importaciones de fruta fresca a Japón aumentó un 13% entre 2016 y 2020, alcanzando los 2.400 millones de dólares estadounidenses en 2020.
Las principales fuentes de importación de fruta fresca fueron Filipinas, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Chile y Corea del Sur.
Algunas de las frutas que Japón importa en grandes cantidades son plátanos, piñas, kiwis, naranjas y pomelos, que o no se producen en cantidad suficiente o no.
Las importaciones extranjeras suponen una amenaza para la industria frutícola japonesa, ya que ofrecen una variedad más amplia y precios más bajos que las frutas nacionales.
Por ejemplo, un racimo de plátanos de Filipinas puede costar tan solo 100 yenes, mientras que una sola manzana de Aomori puede costar hasta 500 yenes.
Además, algunas frutas extranjeras han mejorado su calidad y sabor, haciéndolas más atractivas para los consumidores japoneses, conocidos por sus paladares exigentes.
Para competir con las importaciones extranjeras, algunos productores de frutas se están centrando en mejorar la calidad y la singularidad de sus productos, enfatizando su origen, variedad, método de cultivo y certificación.
Por ejemplo, algunos productores están marcando sus frutas con indicaciones geográficas, como el melón Yubari de Hokkaido, la uva Shine Muscat de Okayama y la mandarina Dekopon de Ehime.
Estas frutas son conocidas por su sabor distintivo, apariencia y precio premium, que atraen tanto a consumidores nacionales como extranjeros.
Algunos productores de frutas también están ampliando sus canales de mercado y distribución, vendiendo sus frutas en línea, a través de servicios de suscripción o directamente a los consumidores en mercados de agricultores y puestos callejeros.
Estas estrategias permiten a los productores llegar a una base de clientes más amplia y diversa, así como reducir los intermediarios y los costos de transporte involucrados en la cadena de suministro.
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