Una decisión que supera la temeridad

Quinta Jurecic y Benjamin Wittes:“Estados Unidos ha pasado dos siglos y medio sin una norma constitucional relativa a la inmunidad presidencial, y lo ha logrado por una razón muy sencilla: la mayoría de los presidentes no son criminales y no utilizan sus funciones oficiales para cometer delitos”.

“La cuestión de si un presidente tiene algún tipo de inmunidad para sus actos oficiales y, en caso afirmativo, cuál, no ha surgido demasiado. Cuando los presidentes han infringido la ley, el país ha resuelto los asuntos por medios distintos a los cargos penales. Vimos un indulto en el caso de Richard Nixon y una resolución negociada sin llegar a un procesamiento en el caso de Bill Clinton. En algunos casos, simplemente hicimos la vista gorda. Y el país y su presidencia siguieron adelante”.

“Si hubiera ocurrido fuera del contexto de la presidencia pasada y posiblemente futura de Donald J. Trump, la decisión del lunes de la Corte Suprema en el caso Trump vs. Estados Unidos habría sido equivocada, habría sido objetable y habría sido peligrosa”.

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