En julio de 2020, el Parlament celebraba la primera cumbre contra las causas estructurales de la corrupción, un espacio en el que los grupos se comprometieron a abordar medidas para minimizar riesgos. El segundo encuentro se celebró dos años después, y buena parte de los compromisos se repetían porque no se habían cumplido: leyes como la de proteger a los alertadores o la de ‘lobbies’ continúan siendo asignaturas pendientes. La tercera cumbre debería haberse celebrado el pasado verano, pero quedó en el aire con el cambio de legislatura y todavía no tiene fecha pese a la insistencia del Observatori Ciutadà contra la Corrupció. El vocal de este órgano y responsable también de las cumbres, Albert Martín, que se reúne mensualmente con representantes políticos, avisa de que el balance es que los partidos no priorizan lo suficiente esta lucha.
¿Están preocupados los partidos por abordar las causas estructurales de la corrupción?
Tenemos un lema y es que ‘todo es cuestión de prioridades’. Por lo tanto, cuando tienes 50 cosas por hacer y solo puedes hacer 25, tienes que decidir cuáles haces y cuáles no. En julio se debería haber celebrado la tercera cumbre, pero la convocatoria de elecciones lo cambió todo. Con el cambio de legislatura todo cuesta de arrancar.
¿Quiere decir que no se está priorizando lo suficiente?
Llevamos dos cumbres y cuatro años. Mientras haya poder y dinero habrá corrupción, lo máximo a lo que podemos aspirar es a ponerlo difícil. Y eso supone cambiar normas. Las propuestas que se han ido haciendo no se ha corrido a ponerlas en marcha. Es verdad que una parte del no correr corresponde a la lentitud burocrática con la que funciona todo, pero es que los acuerdos de la primera cumbre se repetían tras la segunda y, pese a las consultas que hemos hecho, no hay fecha para la tercera.
Mientras haya poder y dinero habrá corrupción, lo máximo a lo que podemos aspirar es a ponerlo difícil
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¿Diría que están encallados los compromisos suscritos?
El balance da cuenta del nivel de prioridad que se le da. Estamos pidiendo cambio de normas, eso es trabajo del Govern y del Parlament. En el nivel de prioridades, los partidos no tienen prisa en priorizar y aprobar la ley de alertadores o de ‘lobbies’. No es tanto un problema de que no nos hagan caso, sino de una lentitud a veces exasperante.
No es tanto un problema de que no nos hagan caso, sino de una lentitud a veces exasperante
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¿Por qué cuesta tanto fijar la fecha para la tercera cumbre?
Ninguno de los nuevos interlocutores del Govern, a excepción de la dirección general de Bon Govern, ha respondido a nuestros escritos pidiendo información sobre la próxima etapa. Básicamente, hemos preguntado si aprovecharán todo el trabajo hecho por sus antecesores o volveremos a empezar de cero. El president Salvador Illa ha delegado en el conseller Ramon Espadaler una reunión con el Observatori que se celebrará el 11 de noviembre, mientras que no tenemos respuesta del presidente del Parlament, Josep Rull. Tampoco tenemos ninguna noticia de ningún grupo parlamentario de las tres comisiones -la de reglamento, la de asuntos institucionales y de la de economía y finanzas- a los que nos hemos dirigido para recordarles los temas pendientes. Hace más de un mes.
Albert Martín Ballesta, durante la entrevista con EL PERIÓDICO en el Parlament / JORDI COTRINA
Hablemos de las medidas pactadas que no ven la luz. La ley de alertadores estaba a punto de entrar en el Parlament en la pasada legislatura.
Esta ley pretende crear una campana de protección de la gente que quiera denunciar un caso en el que considere que hay corrupción sin recibir represalias, sea en el trabajo o en la administración. Cayó con el adelanto electoral.
Las leyes importantes o se empiezan a hacer rápido, al principio de la legislatura, o es trabajo que se va por el desagüe
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Lo mismo pasó con la ley de ‘lobbies’ para que sean transparentes las relaciones que mantienen los cargos políticos con grupos con influencia.
La ley de ‘lobbies’ estaba avanzada, pero se veía imposible que tirara adelante. La aprobación de una ley no baja de 18 meses. Las leyes importantes o se empiezan a hacer, y rápido, al principio de la legislatura o, teniendo en cuenta lo que duran las legislaturas aquí, es trabajo que se va por el desagüe. El anterior Govern nos dijo que haría un decreto de la ley de ‘lobbies’, pero decayó. No nos tendríamos que inventar nada nuevo, hay legislación a escala europea. Pero, lo que se apruebe, hay que poderlo cumplir. Una ley sin sanciones no es una ley, es un consejo.
¿Tienen esperanza en poder avanzar en la reducción del gasto electoral de los partidos?
Esto estaba tanto en la primera cumbre como en la segunda. Alguien puede preguntarse qué tiene que ver reducir las campañas electorales con la corrupción. Si haces que una campaña dure 15 días en lugar de una semana, necesitarás más dinero y, si no lo tienes, tienes que pedir préstamos o favores que después se tienen que devolver. No digo que esto sea corrupción, pero es caldo de cultivo.
¿Se puede afrontar este asunto pese a no tener una ley electoral propia?
Cuando se habla de ley electoral, la gente piensa en el reparto de escaños, pero incluye otras cosas como cuánto duran las campañas o cómo se pueden financiar. La Sindicatura de Comptes hace un seguimiento muy estricto de las limitaciones de dinero de los partidos, pero hay más maneras de evitar problemas. Se podría hacer una ley electoral sin tocar el reparto de escaños, una ley de procedimiento electoral, en el que también cabrían asuntos como el voto electrónico.
La dirección pública tiene que ser profesional. Que tu puesto de trabajo dependa de un carnet es un caldo de cultivo para las puertas giratorias
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También había el compromiso de reforzar el régimen de incompatibilidades de los cargos electos, lo que popularmente se llaman las puertas giratorias. ¿Recelan los partidos de este asunto?
Es difícil porque para dedicarse a la política tienes que dejar tu trabajo, y cada vez debe costar más dar el paso porque quedas marcado. Pero es cierto que el retorno a la vida civil debe preocupar a los políticos. Una de las peticiones estructurales que hacemos es contar con una dirección pública profesional. Mientras que tu puesto de trabajo dependa de un carnet y sepas que un día tu partido perderá y tendrás que ver cómo te ganas la vida, es un caldo de cultivo nocivo y proclive a las puertas giratorias. Hay una línea difícil de trazar entre lo que es corrupción y la corruptela.
¿Quiere decir eso que hay un tipo de corrupción que tiene paraguas legal?
Precisamente por eso hablamos de cambiar normas para reducir las causas estructurales.
Los electos necesitan un tipo especial de formación para ver por dónde les pueden meter goles
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¿Les hace falta a los cargos públicos formación contra la corrupción?
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La ética se supone que la traes de casa, pero tienes que aprender qué herramientas tienes para luchar contra la corrupción y dónde puedes encontrártela. Los electos necesitan un tipo especial de formación para ver por dónde les pueden meter goles. La anterior presidenta del Parlament, Anna Erra, nos dijo que quería hacer un programa de formación y nos ofrecimos porque tenemos expertos en este tema, pero no llegó el momento.