Cuando Ximo Puig citó a Pilar Bernabé en el Palau de la Generalitat Valenciana, en el verano de 2022, para trasladarle que Pedro Sánchez y él mismo la veían como delegada del Gobierno, la entonces concejala socialista de València apareció vestida de gala. No por solemnizar una reunión a la que no sabía a lo que iba, sino porque la sacaron de la boda de un familiar que ella misma oficiaba. Bernabé está siendo una política más de botas y chaleco que de tacones y vestido de Montesinos. Crisis a crisis, ha terminado por convertirse en un referente nítido del PSPV. El más visible hoy.
Bernabé ha pasado 48 horas centrada en la crisis del histórico apagón que dejó a oscuras el país el pasado lunes. Dos días entre la Delegación del Gobierno, con reuniones por el plan de emergencia nuclear (penva) de Cofrentes, y el Centro de Coordinación de Emergencias de l’Eliana, donde ha asistido a las sesiones del Cecopi y las videoconferencias con el Ministerio del Interior. Hasta ayer no hizo una valoración política de lo sucedido, y le bastó un minuto y un par de frases para poner a la defensiva al Consell, situando a Mazón en el centro. Es el espacio político que se ha construido desde la riada del 29 de octubre: el de dique de contención socialista en una comunidad con todo el poder institucional en manos del Partido Popular.
Su presentación en sociedad como aspirante a la alcaldía de la ciudad de València ha sido recibida con artillería pesada, la que se reserva para las piezas de caza mayor: primero, investigación de las relaciones familiares; segundo, revisión y cuestionamiento del currículum. Es la consecuencia de un protagonismo que la ha convertido en referente de la oposición, hasta el punto de correr el riesgo de eclipsar a la ministra y líder Diana Morant.
Bernabé ha demostrado que se mueve bien en las crisis. Es el hábitat en el que ha forjado un capital político que su candidatura ha sintentizado en una palabra: Força. En un tiempo marcado por la velocidad, por la sucesión de catástrofes e imprevistos que ponen al límite la respuesta pública y la capacidad de gestión, la delegada del Gobierno está, de momento, saliendo políticamente ilesa de todas ellas. También en los tribunales, por donde ya ha desfilado como testigo por su participación el 29 de octubre.