Se acabaron las vacaciones. El Govern de Salvador Illa da esta semana por finalizado el parón estival y se reactiva para encarar el curso político. O, lo que es lo mismo, su segundo año de mandato. Agosto ha dado una tregua después de un mes de julio marcado por los incendios de la Segarra y Paüls, así que tanto el president como los consellers se han tomado un paréntesis que no fue posible en 2024, cuando aterrizaron en el Palau de la Generalitat en pleno verano. Pero septiembre está a la vuelta de la esquina, así que el Consell Executiu retomará sus reuniones este martes e Illa ha citado a todos sus mandatarios a una cumbre el viernes y el sábado en las Terres de l’Ebre para poner hacer análisis de situación, poner en orden prioridades y fijar estrategia.
Hay un reto que ocupa el primer lugar del podio: los presupuestos de 2026. Lograrlos sería tanto como garantizarse la estabilidad para el resto de la legislatura, un asunto no menor para un Govern en minoría que depende de ERC y de los Comuns en cada votación en el Parlament. Según fuentes del ejecutivo, entre las prioridades de su agenda continuarán estando las políticas de vivienda, reforzar la seguridad, acelerar la reforma de los servicios públicos y continuar la senda para recuperar el liderazgo económico. Pero también la prevención forestal ante los incendios de sexta generación se ha convertido en una urgencia, por lo que en el encuentro se abordará cómo mejorar en este ámbito.
De Poblet a Núria hasta el Ebro
Este es el tercer encuentro de ‘team building’ que organiza Illa desde que es president para analizar un contexto que admite que está marcado por “más incertidumbres” que antes del verano. El primero fue hace justo un año en el monasterio de Poblet. No fue una elección casual. Además de ser un símbolo del catalanismo allí está el archivo del expresidente de la Generalitat Josep Tarradellas, el faro político del también líder del PSC. En ese imponente monasterio cisterciense todos los consellers -16 en total- convivieron por primera vez, puesto que algunos de ellos ni tan solo se conocían antes. Más allá de esa vocación de hacer piña, la reunión sirvió para que el president pusiera deberes a cada uno de ellos en una nueva etapa centrada en la gestión que enterrara el ajetreo del ‘procés’. Entonces, la sequía aún hacía estragos en Catalunya, pero la lluvia desplazó de un plumazo la crisis hídrica.
El Presidente de la Generalitat, Salvador Illa, Y Sus 16 Consellers de Su Goberno Reunidos Hace Un año en el Arranque de la Legislatura / Kike Rincón / Europa Press
Inaugurado el año 2025, la luz roja acabó saltando a los trenes. La segunda cumbre se celebró, precisamente, al calor de sucesivos caos en Rodalies, aunque rodeados de nieve en el santuario de la Vall de Núria -otro lugar de peregrinaje del catalanismo- a principios de abril. Para entonces, el Govern ya sabía que no aprobaría nuevos presupuestos por el desplante de ERC, pero tenía activado un plan b en forma de suplementos de crédito que coincidió con el desafío de los aranceles impuestos por Donald Trump. En esa cita, Illa anunció que se reprogramarían prioridades para hacerles frente. “Nadie dijo que fuera fácil”, admitían miembros del Govern después de un arranque de legislatura que había transitado con relativa placidez.
La tercera reclusión del ejecutivo catalán será en las Terres de l’Ebre. No es baladí tampoco que se haya escogido esta ubicación, también alejada de Barcelona. El president tiene entre ceja y ceja que el Govern esté presente más allá de la capital y quiere, en este caso, que el sur de Catalunya se sienta arropado, especialmente después del incendio de Paüls en el que se quemaron más de 3.000 hectáreas y falleció un bombero. Como primera respuesta, el Govern lanzó en julio un paquete de medidas urgentes para prevenir incendios dotado con 10 millones de euros. Ahora, tras los graves fuegos que están afectando a otros territorios de España, las políticas de prevención y contra el cambio climático han vuelto a acaparar foco. Después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, haya propuesto un pacto de Estado para hacerle frente, Illa dará un paso al frente para espolear esta entente.
Un otoño para asegurarse la estabilidad
Con un año ya a sus espaldas, el ejecutivo ha ido sumando algunas otras crisis más allá de la de Rodalies, como la que ha obligado a refundar la DGAIA o el proceso de adjudicación de plazas de docentes que se tuvo que repetir, además de tener que capear el eco del caso de corrupción que azota al PSOE. Sin embargo, los dos socios de la investidura, ERC y Comuns, lo han ido sosteniendo a copia de lograr concesiones en materia de políticas de vivienda, financiación y traspaso de Rodalies. Aunque eso no le ha ahorrado tener que morder el polvo en alguna ocasión en el Parlament retirando algún decreto por falta de apoyos –como el de las renovables o el de los cámpings en zonas inundables– o perdido alguna votación, como la de la congelación de la subida de la tasa turística por el que tuvo que hacer una pirueta parlamentaria para poner un parche al desaguisado.
Justamente por esa minoría que le obliga a picar piedra con los socios, Illa va a poner toda la carne en el asador para tratar de acordar unos nuevos presupuestos para 2026. Oriol Junqueras ya le ha advertido que ni tan solo se va a sentar a negociar si no se cumple la financiación singular y el refuerzo de la hacienda catalana para que recaude todos los impuestos, pero la consigna del president a sus consellers es la de poner todo el empeño en lograr esas cuentas dando por sentado que existen unas “complicidades” sólidas con ERC. Está por ver si se saldrá con la suya, como también está por determinar si este otoño estará marcado por el regreso de Carles Puigdemont y hasta qué punto Sánchez puede resistir los múltiples embates judiciales que le acechan a él y al PSOE.
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