Los robots tuvieron su momento, pero los humanos se están recuperando. Un nuevo análisis muestra que la escritura generada por IA superó brevemente al contenido escrito por humanos en línea, antes de estabilizarse.
El informe de Axios cita una investigación de Graphite, que analizó más de 65.000 URL y descubrió que, si bien alguna vez dominaron los artículos hechos a máquina, el pulso humano de la web vuelve a ser estable en alrededor del 50%.
¿Por qué? Los motores de búsqueda han aprendido a detectar textos sin alma. El estudio de Graphite reveló que el 86% de las páginas de mayor ranking de Google están escritas por humanos.
Incluso los chatbots como ChatGPT y Perplexity parecen preferir citar a humanos, haciendo referencia a ellos más del 80% del tiempo.
Es una señal de que la autenticidad todavía importa, no sólo para los lectores, sino también para los algoritmos que dan forma a lo que vemos.
Este cambio refleja movimientos más amplios en la industria. Los especialistas en marketing están empezando a centrarse en la optimización del motor generativo (GEO): crear contenido diseñado para ser citado por herramientas de inteligencia artificial en lugar de simplemente clasificarse por búsqueda.
Un informe reciente de generación de demanda mostró que el 35% de las marcas ahora priorizan GEO sobre el SEO tradicional.
Si esto suena a fatiga de jerga, es porque todo el mundo del marketing está luchando por adaptarse al descubrimiento impulsado por la IA.
Aún así, la imagen no es en blanco y negro. El propio Google reconoce que la colaboración entre humanos e IA está desdibujando las líneas, calificándola de “una simbiosis más que una dicotomía”.
Esa declaración se hace eco de una estimación de Europol para 2022 que predice que el 90% del contenido en línea pronto estará creado por IA, un pronóstico que ahora parece, bueno, demasiado dramático.
También existe una creciente inquietud sobre la ética de la autoría de la IA.
El Informe de generación de demanda sobre si las obras generadas por máquinas pueden tener derechos de autor puede redefinir lo que significa “autoría”.
Si las máquinas no pueden ser dueñas de lo que crean, ¿eso empuja a los editores a volver a los escritores humanos, o simplemente los obliga a disfrazar su IA de manera más inteligente?
De cualquier manera, el mensaje es claro: la novedad de la prosa automatizada está desapareciendo.
Los lectores, los motores de búsqueda e incluso los robots parecen anhelar algo que sólo los humanos pueden ofrecer de manera consistente: un poco de imprevisibilidad, una chispa de imperfección, tal vez incluso un latido detrás de las palabras.