Ben Schilz, director ejecutivo de Wire, predice movimientos hacia una Europa soberana, un cifrado preparado para la tecnología cuántica y un lento adiós a las grandes tecnologías
El tira y afloja digital entre el software de código abierto y el software propietario no sólo está en marcha, sino que está decidido a acelerarse en 2026. Después de años de promesas ruidosas pero sin cumplirse, el mundo ha despertado. La privacidad, la soberanía y la seguridad no sólo están firmemente en la agenda, sino que son una necesidad a largo plazo para garantizar que las empresas y las naciones protejan y controlen sus datos. Sin embargo, no todos están en la misma página y, francamente, muchos tienen intereses contrapuestos.
En nombre de la seguridad, los gobiernos continúan presionando para lograr un mayor acceso a nuestra vida digital, ya sea en el trabajo o en el hogar. Puede que la votación de la UE sobre ChatControl se haya retrasado, pero el debate está lejos de terminar. El próximo año traerá enfrentamientos más agudos entre estados que buscan poderes de vigilancia y organizaciones decididas a defender el principio de cifrado y los derechos de privacidad.
Mientras estos debates continúan, el sector privado enfrenta un ajuste de cuentas en múltiples frentes. Las empresas están reconsiderando lo conveniente que es la gran tecnología, el cifrado da un salto cualitativo y ahora que la novedad de la IA ha desaparecido, hay algunas preguntas serias que deben responderse sobre el control y la confianza.
2026 pondrá a prueba los límites de la privacidad digital.
El debate europeo en torno a ChatControl es sólo un frente. Los gobiernos de todo el mundo están impulsando nuevos mandatos de vigilancia: la implementación de la Ley de Seguridad en Línea del Reino Unido, la Loi SREN de Francia, la Ley de Protección de Datos Personales Digitales de la India y el impulso de Australia para el escaneo del lado del cliente. Cada uno amplía el acceso estatal a las comunicaciones privadas bajo el pretexto de seguridad.
El patrón es claro: el cifrado que preserva la privacidad se está replanteando como un obstáculo para la aplicación de la ley. Si estas tendencias convergen, podrían normalizar el escaneo masivo y las puertas traseras de un extremo a otro. Las empresas que dependen de una colaboración segura ahora deben evaluar si sus proveedores pueden soportar esa presión regulatoria. Técnica, jurídica y políticamente.
En 2026, la defensa de la privacidad pasará de la defensa a la arquitectura. Los proveedores deben demostrar que pueden ofrecer cumplimiento y confidencialidad, sin compromisos.
La soberanía digital se convierte en ley, no en visión
2026 marca el punto de inflexión: la soberanía deja de ser una palabra de moda política y se convierte en una realidad de adquisiciones. NIS2, DORA y marcos como SecNumCloud ahora son ejecutables; los compradores del gobierno y de las industrias críticas sólo pueden elegir proveedores que estén totalmente bajo el control de la UE. La idea errónea: “alojar a la UE equivale a soberanía de la UE”. Equivocado. Un centro de datos europeo propiedad de una empresa matriz estadounidense sigue estando sujeto a la legislación estadounidense. La verdadera soberanía exige independencia jurídica, operativa y de infraestructura. La pregunta del nuevo comprador: ¿Quién controla realmente nuestros datos? En 2026, esa pregunta decidirá todos los contratos.
El cifrado evoluciona: de un extremo a otro a lo poscuántico
El cifrado de extremo a extremo solía ser el estándar de oro. En 2026, todo está en juego. El futuro es abierto, escalable y resistente a los cuánticos. El nuevo estándar Messaging Layer Security (MLS) del IETF marca el mayor salto de la industria desde TLS y está diseñado para estar preparado para lo poscuántico. Reemplaza los esquemas de cifrado cerrados y propietarios con criptografía interoperable y verificable que puede evolucionar para resistir amenazas cuánticas. Wire lidera esta transición como la primera plataforma de colaboración empresarial que ejecuta MLS en producción. A medida que la computación cuántica se acerque, el cifrado cerrado se convertirá en deuda técnica. Los ganadores serán aquellos que construyan sobre bases abiertas, auditables y a prueba de cuántica.
La colaboración se convierte en un vector de ataque central
El phishing, el robo de credenciales y el compromiso de la cadena de suministro siguen siendo los principales métodos de ataque y explotan cada vez más las herramientas de colaboración como puntos de entrada. Los canales compartidos con socios, el acceso de invitados y los calendarios integrados conectan las amenazas externas con los sistemas internos. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones todavía pasan por alto la colaboración en su postura de seguridad.
Con NIS2 y DORA subiendo el listón, proteger estas interfaces y aislar la comunicación confidencial de las plataformas expuestas ya no es opcional.
Europa separa las grandes tecnologías
En toda Europa, los CIO y CISO están desmantelando silenciosamente su dependencia de las plataformas estadounidenses. La era del monolito está llegando a su fin. La TI soberana ahora significa pilas modulares, interoperables e independientes del proveedor. Las plataformas de mensajería segura, los servicios soberanos de intercambio de archivos y los proveedores de alojamiento con sede en Europa están reemplazando las suites únicas. Esto no es proteccionismo; es resiliencia operativa. El bloqueo es el nuevo riesgo sistémico. Pero las grandes tecnológicas no se quedarán al margen. Espere una intensificación del lobby en Bruselas y las capitales nacionales para frenar o diluir los esfuerzos de soberanía. La lucha por un ecosistema tecnológico europeo independiente apenas comienza y exige concienciación pública. Las empresas, los responsables políticos y los ciudadanos deben comprender lo que está en juego: la capacidad de Europa para controlar su futuro digital. La próxima ola de infraestructura debe ser federada, transparente y soberana por diseño o no será europea en absoluto.
La IA se encuentra con la seguridad: la era de la inteligencia soberana
La IA está transformando la colaboración, pero sin soberanía, se convierte en vigilancia. En 2026, la privacidad y el control definirán si la IA fortalece o socava la confianza. La Ley de IA de la UE ahora obliga a las empresas a saber dónde se ejecutan los modelos, a qué datos acceden y quién los gobierna. La verdadera IA soberana mantiene la inteligencia y los datos bajo el mismo techo legal y operativo, sin modelos externos que escaneen mensajes, sin flujo de datos transatlántico, sin canales de capacitación opacos. La próxima frontera de la soberanía digital no es sólo quién construye la IA, sino quién la controla.
Los nuevos desafíos e innovaciones significan que el ritmo de cambio se está acelerando año tras año. Estos cambios no son abstractos. Ellos decidirán quién controla los datos, quién establece los estándares y quién lidera la próxima era de la tecnología. Las naciones y empresas que planifiquen con anticipación, elijan sabiamente e inviertan en bases digitales resilientes estarán preparadas para lo que viene. El resto encontrará el futuro decidido para ellos.
Europa y sus organizaciones se encuentran en un momento decisivo. Las decisiones que se tomen ahora determinarán la forma en que nos comunicamos, colaboramos y competimos en los años venideros. La elección que tenemos por delante es clara: ¿participante o espectador?