En un momento en que la inmigración es un tema cada vez más polarizador en España, un nuevo informe ha destacado que el país necesitará más de 2 millones de trabajadores sólo en la próxima década para garantizar las pensiones y la productividad económica, y se prevé que la gran mayoría serán extranjeros.
España necesitará incorporar a 2,4 millones de personas al mercado laboral durante la próxima década para mantener la productividad económica y apuntalar el sistema de pensiones, según revela un nuevo informe.
Las tendencias migratorias actuales sugieren que casi todos estos puestos de trabajo serán ocupados por inmigrantes debido al envejecimiento demográfico entre los españoles nativos, lo que hace que los inmigrantes sean “esenciales” para satisfacer la demanda, dicen los expertos.
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Esto es según el estudio “Realidad migratoria en España” elaborado por el Consejo Económico y Social (CES) y entregado este miércoles por su presidente, Antón Costas, a la ministra española de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz.
Esto llega en un momento en que la inmigración en España, como en países de Europa y gran parte del mundo, se ha convertido en una cuestión política cada vez más polarizadora. En los últimos años, el partido de extrema derecha Vox ha intensificado la retórica sobre la inmigración y los datos de las encuestas muestran que el partido está quitando votantes al Partido Popular de centroderecha, desplazando el debate hacia la derecha.
El primer ministro socialista, Pedro Sánchez, es uno de los pocos líderes internacionales que defiende la inmigración, vinculándola con el crecimiento económico superior al promedio de España en el período pospandemia.
Hoy en día, la población nacida en el extranjero ya representa alrededor de una quinta parte de la población residente en España, por lo que ha sido y será cada vez más importante para sostener el crecimiento económico, el empleo y las pensiones, estas últimas se prevé que se vean sometidas a presión debido a la inminente jubilación de la generación del baby boom.
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Las previsiones demográficas apuntan a que la población española nativa disminuirá proporcionalmente en las próximas décadas. Si los modelos de pronóstico del INE son precisos, esto significaría que la población nacida en España experimentará una disminución constante y caerá del 84,5 por ciento, la proporción de la población actual, al 63,5 por ciento dentro de 50 años.
Dicho en otras palabras, en 2072 el 36,5 por ciento de las personas residentes en España, algo más de una de cada tres, nacerán en otro país.
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Tres de cada cuatro nuevos puestos de trabajo creados desde 2019 han sido ocupados por inmigrantes. Los inmigrantes también están aumentando las cifras de población, y en los últimos años la gran mayoría del crecimiento demográfico se debe a los extranjeros.
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Saiz afirmó esta semana al presentar el informe: “El modelo migratorio español genera prosperidad compartida, y no somos los únicos en decirlo: nuestra política migratoria es reconocida en Europa y más allá como un ejemplo de equilibrio, eficiencia y humanidad, y parte de este éxito radica en una convicción: las políticas públicas deben basarse en el conocimiento”.
Por su parte, Costas destacó que “desde 2019, el ciclo migratorio en España ha entrado en una fase más madura. Tras el pico alcanzado en 2024, el ritmo de crecimiento se ha moderado en 2025 y tiende a ralentizarse. Los impactos de la inmigración en el crecimiento, el empleo, la productividad y la demografía son muy positivos, favorecidos por las reformas del Reglamento de Inmigración en 2022 y 2024”.
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Aunque las principales capitales de provincia como Madrid, Barcelona y Valencia han sido durante mucho tiempo hogar de poblaciones de inmigrantes trabajadores, los trabajadores extranjeros constituyen cada vez más una parte importante del sistema de seguridad social en las regiones del país que enfrentan el mayor desafío demográfico.
Según los últimos datos facilitados por la Seguridad Social, los trabajadores extranjeros suponen el 10,4 por ciento del total en Castilla y León, por ejemplo, el 7,4 por ciento en Asturias y el 7,1 por ciento en Galicia, zonas donde los autóctonos suelen emigrar a otras regiones con mayores oportunidades laborales y comunidades de inmigrantes.
A lo largo del año, el empleo en el extranjero creció un 7,3 por ciento, alcanzando un máximo histórico en el número de inmigrantes autónomos con más de 494.000 autónomos registrados.
Los empleos altamente calificados también crecieron un 27 por ciento en la información y las comunicaciones y un 18,8 por ciento en las profesiones científicas y técnicas.
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