Buenas noches.
Hace cuarenta años, en este mismo Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid, se firmó el tratado que nos introdujo en las Comunidades Europeas. También se cumplen 50 años del comienzo de nuestra transición a la democracia. Estos aniversarios me impulsan a hablaros, esta Nochebuena, de cohesión; nuestra cohesión democrática, a través de nuestra memoria de cómo hemos llegado hasta aquí y nuestra confianza en el presente y el futuro.
Sobre todo, la Transición fue un acto colectivo de responsabilidad. Surgió de la voluntad compartida de construir un futuro de libertades basado en el diálogo. Al final, quienes pusieron en marcha este proceso permitieron que el conjunto del pueblo español fuera el verdadero protagonista de su futuro y alcanzara su plena soberanía. A pesar de sus diferencias e incertidumbre, lograron resolver sus desacuerdos y transformar una situación cambiante en un punto de partida sólido, aunque no podían estar seguros de lograr sus objetivos. Su valentía –la valentía de avanzar sin garantías, pero juntos– es una de las lecciones más valiosas que nos enseñaron.
Ese impulso condujo a la Constitución de 1978, el conjunto de ideas compartidas que son la base de nuestro presente y de cómo vivimos juntos, un marco lo suficientemente amplio como para brindarnos un lugar a todos, en toda nuestra diversidad.
Unirse al proceso de integración europea fue otro paso adelante decisivo, inspirador y motivador. Y también fue el resultado de un compromiso colectivo: el de un país que quiere poner fin a una era marcada por un prolongado alejamiento de Europa, con quien compartimos principios y valores, y un proyecto compartido de futuro. Europa no sólo trajo modernización y progreso económico y social: fortaleció nuestras libertades democráticas.
Esta perspectiva histórica nos muestra que España ha experimentado una transformación sin precedentes en las últimas cinco décadas, que nos ha permitido consolidar las libertades democráticas, el pluralismo político, la descentralización, la apertura al exterior y la prosperidad.
Nuestra sociedad está moldeada por generaciones que recuerdan la Transición y otras que no la vivieron y que nacieron y crecieron en democracia y libertad. Generaciones de personas mayores que han visto cambiar a España como nunca antes en nuestra historia; generaciones de adultos que trabajan duro para equilibrar sus responsabilidades hacia el trabajo, la familia y ellos mismos; y generaciones de jóvenes que ahora enfrentan nuevas dificultades con iniciativa y compromiso.
Todos ellos son necesarios para que podamos avanzar de manera justa y cohesiva. Y estoy hablando con todos ellos ahora.
Es innegable que estamos viviendo tiempos difíciles. Muchos ciudadanos sienten que el creciente costo de la vida está restringiendo sus opciones de progreso; que el acceso a la vivienda es un obstáculo para los proyectos de demasiados jóvenes; que la velocidad de los avances tecnológicos está provocando inseguridad laboral; y que los fenómenos climáticos extremos son un factor creciente y a veces trágico en nuestras vidas. Tenemos muchos desafíos… Y los ciudadanos también sienten que las tensiones en el debate político están generando cansancio, decepción y falta de compromiso. Todas estas son situaciones reales que no pueden resolverse simplemente mediante la retórica o la fuerza de voluntad.
A lo largo de los últimos 50 años, nuestro país ha demostrado una y otra vez que puede responder a los desafíos internos y externos cuando hay buena voluntad, perseverancia y visión de país. Lo hemos visto en crisis económicas, en emergencias sanitarias, en desastres naturales, y también lo vemos todos los días en el trabajo silencioso y responsable de millones de personas.
España ha avanzado cuando hemos sabido encontrar objetivos para compartir. Y la raíz de cualquier proyecto compartido debe ser siempre la cohesión. Ya he hablado de esto en otras ocasiones, pero es la base de nuestra vida como democracia. Quienes nos precedieron pudieron construirlo incluso en circunstancias tan difíciles como las de hace 50 años.
Pero la cohesión no es un legado eterno. No basta con recibirlo: es una construcción frágil. Por eso todos debemos hacer del cuidado de la cohesión parte de nuestro trabajo diario. Y para eso necesitamos confianza.
En este mundo turbulento, donde el multilateralismo y el orden mundial están en crisis, las sociedades democráticas atraviesan una inquietante crisis de confianza. Y esto está afectando gravemente al humor público y a la credibilidad de las instituciones.
El extremismo, el radicalismo y el populismo se alimentan de esta falta de confianza, de la desinformación, de las desigualdades, de la decepción con el presente y de la incertidumbre sobre el futuro.
No basta con recordar que ya hemos pasado por esto antes, que ya conocemos ese capítulo de la historia y que sus consecuencias fueron desastrosas. Depende de todos nosotros preservar la confianza en nuestra cohesión democrática. Deberíamos preguntarnos, sin señalar con el dedo a nadie ni pretender pasar la pelota: ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para fortalecer esta cohesión? ¿Cuáles son las líneas rojas que no debemos cruzar?
Hablo de diálogo, porque las soluciones a nuestros problemas requieren de la implicación, responsabilidad y compromiso de todos; Me refiero al respeto en el lenguaje que utilizamos y en cómo escuchamos otras opiniones; Me refiero a la necesidad de un comportamiento ejemplar en el ejercicio de todos los poderes públicos; y sobre la empatía y la necesidad de colocar la dignidad de los seres humanos, especialmente los más vulnerables, en el centro de todo nuestro discurso y toda nuestra política.
Recordemos, esta Nochebuena, que en una democracia, nuestras propias ideas nunca deben ser dogmas, y las ideas de los demás nunca deben ser amenazas; que avanzar es algo que se hace paso a paso, con acuerdos y paciencia, pero siempre en la misma dirección, no avanzar a base de hacer caer a otro; y que España es, ante todo, un proyecto compartido: una manera de reunir —y hacer realidad— intereses y aspiraciones individuales en torno a una misma noción de bien común.
Cada período histórico tiene sus propios desafíos. No hay caminos fáciles. Los nuestros no son ni más ni menos desafiantes que los que enfrentaron nuestros padres o abuelos. Pero tenemos un gran activo: nuestra capacidad para recorrer esos caminos juntos.
Hagámoslo con el recuerdo de estos 50 años y hagámoslo con confianza. El miedo sólo crea barreras y ruido, y las barreras y el ruido nos impiden comprender la realidad en toda su amplitud.
Somos un gran país. España está llena de iniciativa y talento, y creo que más que nunca el mundo necesita nuestro punto de vista, nuestra creatividad y nuestra capacidad de trabajo, nuestro sentido de la justicia y la equidad y nuestro fuerte compromiso con Europa, sus principios y sus valores.
Podemos alcanzar nuestras metas, con aciertos y errores en el camino, si trabajamos juntos; todos nosotros participando con orgullo en este gran proyecto de forma de vida compartida que es España.
Con el convencimiento de que juntos podremos avanzar hacia esto, os envío mis mejores deseos para esta temporada y el nuevo año, al igual que la Reina y nuestras hijas, la Princesa Leonor y la Princesa Sofía.
Feliz Navidad a todos. Feliz Navidad, Eguberri On, Bon Nadal, Boas Festas.