Karim Sadjadpour: “La guerra entre Estados Unidos e Irán (o, para ser exactos, su última y más dramática iteración) surgió de un intercambio de errores de cálculo de alto riesgo entre dos hombres. Donald Trump y Ali Khamenei tienen poco en común excepto una vanagloriosa arrogancia que ha distorsionado sus elecciones estratégicas. Para Trump, el conflicto es una táctica de alto riesgo y alta recompensa: el acuerdo definitivo, con Oriente Medio como mesa de negociaciones. Para Khamenei, cuyo recinto oficial fue objetivo de ataques aéreos, es algo más simple y antiguo: una lucha por la supervivencia”.
“La arrogancia de Trump es una cuestión de fuerza performativa. Ha basado su marca en ser el máximo negociador, haciendo que la acción militar sea más aceptable para él que incluso la apariencia de haber sido superado en las negociaciones. La arrogancia de Jamenei es una cuestión de rigidez ideológica. Considera que su teocracia es un mandato divino y acaba de presidir un asesinato en masa histórico para asegurar su gobierno. Su atención no está en las apariencias, sino en la fría mecánica de la supervivencia”.
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