La Escuela de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales (SHASS) del MIT se fundó en 1950 en respuesta a “una nueva era que surgía de la agitación social y los desastres de la guerra”, como se describe en el Informe del Comité Lewis de 1949.
Los hallazgos del informe enfatizaron el papel y la responsabilidad del MIT en la nueva era nuclear, que exigía redoblar la apuesta por una “integración” genuina de los temas científicos y técnicos con la erudición y la enseñanza humanísticas. Sólo así, escribió el comité, podría el MIT abordar “los problemas más difíciles y complicados que enfrenta nuestra generación”.
Mientras SHASS celebra su 75 aniversario, el decano Agustín Rayo responde preguntas sobre por qué la necesidad de desarrollar estudiantes con mentes amplias y comprensión humana es tan urgente como siempre, dados los desafíos apremiantes en medio de una nueva revolución tecnológica.
P: Muchas universidades están respondiendo a la inteligencia artificial lanzando nuevos programas técnicos o actualizando sus planes de estudio. Usted ha sugerido que el cambio es más profundo que eso. ¿Por qué?
R: La inteligencia artificial no sólo está cambiando la forma en que los estudiantes aprenden: está transformando todos los aspectos de la sociedad. El mercado laboral está experimentando un cambio dramático, trastornando los caminos tradicionales hacia la estabilidad financiera. Y la IA está cambiando la forma en que damos sentido a nuestras vidas: la forma en que construimos relaciones, la forma en que prestamos atención y las cosas que disfrutamos hacer.
El resultado es que la pregunta más importante que deben plantearse las universidades no es cómo adaptar nuestra pedagogía a la IA, aunque ciertamente debemos abordar esa cuestión. La pregunta más importante que debemos hacernos es cómo brindar una educación que aporte valor real a los estudiantes en la era de la IA.
Necesitamos asegurarnos de que las universidades brinden a los estudiantes las herramientas que necesitan para encontrar un camino hacia la seguridad financiera y construir una vida significativa.
Necesitamos formar estudiantes con mentes ágiles y amplias. Necesitamos que nuestros estudiantes no solo sean capaces de ejecutar tareas de manera efectiva, sino que también tengan el criterio para determinar qué tareas vale la pena ejecutar. Necesitamos estudiantes que tengan una brújula moral y que comprendan cómo funciona el mundo, en toda su complejidad política, económica y humana. Necesitamos estudiantes que sepan pensar críticamente y que tengan excelentes habilidades de comunicación y liderazgo.
P: ¿Qué papel juegan las humanidades, las artes y las ciencias sociales en la preparación de los estudiantes del MIT para ese futuro?
R: Son esenciales y, con razón, una parte fundamental de la educación del MIT: el MIT exige desde hace tiempo que sus estudiantes universitarios tomen al menos ocho cursos en disciplinas HASS para graduarse.
Campos como la filosofía, las ciencias políticas, la economía, la literatura, la historia, la música y la antropología son cruciales para desarrollar las partes de nuestras vidas que son esencialmente humanas: las partes que no serán reemplazadas por la IA.
Son cruciales para desarrollar el pensamiento crítico y una brújula moral. Son cruciales para comprender a las personas: nuestros valores, instituciones, culturas y formas de pensar. Son cruciales para formar estudiantes que sean pensadores amplios que comprendan la forma en que funciona el mundo. Son cruciales para desarrollar estudiantes que sean excelentes comunicadores y capaces de describir sus proyectos (y sus vidas) de una manera que les dé significado.
Nuestros estudiantes entienden esto. Así lo expresó uno de ellos: “La ingeniería me da las herramientas para medir el mundo; las humanidades me enseñan cómo interpretarlo. Ese equilibrio ha dado forma tanto a cómo hago ciencia como a por qué la hago”. (Entrevista completa aquí.)
P: A algunas personas les preocupa que enfatizar el estudio humanístico pueda diluir la ventaja tecnológica del MIT. ¿Cómo respondes a esa preocupación?
R: Creo que es todo lo contrario.
El MIT es un motor importante para la movilidad social en Estados Unidos y un catalizador para el espíritu empresarial, que ha añadido miles de millones de dólares a la economía estadounidense. Eso no puede separarse del hecho de que somos una institución técnica que reúne a los estudiantes universitarios más talentosos del país, independientemente de su origen socioeconómico, y los transforma en la próxima generación de los principales líderes científicos y de ingeniería de nuestro país.
El MIT juega un papel increíblemente importante en nuestro país. Entonces, lo último que quiero hacer es arruinar nuestra salsa secreta.
Pero también creo que la era de la IA nos está obligando a repensar lo que significa ser un ingeniero de primer nivel.
Pensemos en la propia inteligencia artificial. Los desafíos que enfrentamos no son sólo técnicos. Cuestiones como el sesgo, la rendición de cuentas, la gobernanza y el impacto social de la automatización no son menos importantes. Comprender esas dimensiones ayuda a los tecnólogos a diseñar mejores sistemas y anticipar las consecuencias del mundo real.
Fortalecer las humanidades en el MIT no es una desviación de nuestra misión principal: es una forma de garantizar que nuestro liderazgo técnico siga siendo importante en el mundo.
P: ¿Qué tipo de cambios está persiguiendo MIT SHASS para respaldar esta visión?
R: ¡Están sucediendo muchas cosas!
Hemos lanzado MIT Human Insight Collaborative (MITHIC) como una forma de fortalecer la investigación en humanidades, artes y ciencias sociales, y de profundizar la colaboración con colegas de todo el MIT.
Estamos dando forma a la experiencia universitaria para garantizar que cada estudiante del MIT se comprometa con las grandes cuestiones sociales que configuran nuestro tiempo, desde la resiliencia democrática hasta el cambio climático y la ética de las nuevas tecnologías.
Estamos construyendo conexiones más sólidas a través de iniciativas como la creación de puestos docentes compartidos con el MIT Schwarzman College of Computing (SCC). Y recientemente lanzamos un nuevo Programa de Posgrado en Tecnología Musical y Computación con la Escuela de Ingeniería.
Nos estamos asociando con SERC (Responsabilidades Sociales y Éticas de la Computación del SCC) para diseñar nuevas clases sobre la intersección de la computación y las cuestiones centradas en el ser humano, como la ética.
Y estamos elevando las humanidades, por sí mismas y como un espacio para la experimentación, reuniendo a estudiantes, profesores y socios para explorar nuevas formas de investigación, enseñanza y participación pública.
Este es un momento muy emocionante para SHASS.