Una nueva especie de celacanto estuvo escondida en un museo durante 150 años y llena un vacío de 50 millones de años

Un fósil polvoriento escondido en un cajón de un museo durante más de un siglo ha transformado lo que los científicos saben sobre uno de los peces más misteriosos de la Tierra.

En un nuevo estudio publicado en Papers in Paleontology, los investigadores identificaron una nueva especie de celacanto a partir de un espécimen de 150 años. El hallazgo llena un enorme vacío en el registro evolutivo y revela que estos llamados “fósiles vivientes” tienen una historia más compleja de lo que se creía.

“Los celacantos son famosos como ‘fósiles vivientes’, ya que han cambiado relativamente poco a lo largo de cientos de millones de años. Sin embargo, las etapas clave de su historia evolutiva han permanecido difíciles de alcanzar, hasta ahora”, dijo David Martill, de la Universidad de Portsmouth, en un comunicado de prensa.

Una nueva especie de celacanto escondida a plena vista

La especie recientemente identificada, denominada Macropoma gombessae, representa el miembro más antiguo conocido de su género y un eslabón perdido evolutivo clave. Los celacantos son famosos por su antiguo linaje, pero esa aparente estabilidad también ha dejado importantes lagunas en su historia evolutiva. Esta nueva especie ayuda a llenar uno de los vacíos más desconcertantes, ofreciendo una idea de cómo surgieron los celacantos modernos.

“Es increíblemente emocionante que un espécimen tan importante haya estado escondido a la vista durante más de un siglo”, dijo Jack L. Norton, quien descubrió el fósil. “Sólo ahora que tenemos la tecnología disponible para examinar estos fósiles en detalle en el Museo de Historia Natural entendemos su importancia”.

El nombre de la especie gombessae hace honor a “Gombessa”, un nombre tradicional utilizado por las comunidades malgaches y los pescadores de las Comoras para los celacantos vivos. El término significa “pez no comestible” o “pez sin valor”, un recordatorio del poco valor que alguna vez se le dio a una criatura que ahora se considera un tesoro científico.

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Cómo la tecnología moderna ayudó a revelar las nuevas especies

El fósil en sí proviene de la Formación Gault del Cretácico Inferior en el sur de Inglaterra, un sitio conocido por preservar la vida marina de hace aproximadamente 100 millones de años. Sin embargo, su verdadera importancia permaneció oculta hasta hace poco.

Los investigadores utilizaron técnicas de imagen avanzadas, incluida la tomografía computarizada de rayos X, para observar el interior del fósil sin dañarlo. Esto les permitió reconstruir su anatomía interna con un detalle sin precedentes.

“Manipular un espécimen con tanta importancia y antigüedad en 3D fue realmente fantástico”, dijo Norton.

Este tipo de imágenes no destructivas está cambiando rápidamente la paleontología, permitiendo a los científicos revisar especímenes históricos y descubrir detalles a los que las generaciones anteriores simplemente no pudieron acceder. Como resultado, las colecciones de los museos se están convirtiendo en centros dinámicos de investigación.

“Los especímenes recolectados hace generaciones aún pueden transformar nuestra comprensión de la evolución cuando se estudian utilizando técnicas modernas”, explicó Martill.

La larga y extraña historia del celacanto

Los celacantos han cautivado durante mucho tiempo a los científicos debido a su aparentemente imposible historia de supervivencia. Alguna vez se pensó que se extinguieron junto con los dinosaurios, pero sorprendieron al mundo cuando se descubrió un espécimen vivo frente a la costa de Sudáfrica en 1938.

Desde entonces, se han convertido en íconos de la persistencia evolutiva, ya que parecen haber resistido cambios importantes durante millones de años. Pero, con el descubrimiento de esta nueva especie, parece que los celacantos pueden haber sufrido cambios más sutiles y complejos de lo que se pensaba anteriormente.

“Esto demuestra el valor científico de las colecciones de los museos y por qué es importante seguir manteniendo especímenes en custodia para la sociedad y al mismo tiempo seguir investigándolos”, concluyó Emma Bernard, curadora de peces fósiles en el Museo de Historia Natural. “¡Quién sabe qué más revelará la tecnología sobre estos especímenes en los próximos años!”

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