El debate electoral de RTVE entre los candidatos a la Junta de Andalucía estaba llamado a ser el primer punto de inflexión de la campaña. Una gran oportunidad para desestabilizar los sondeos del 17M, estancados desde hace semanas, con Juanma Moreno a la cabeza. En este escenario, cada uno de los candidatos escogió su papel. Los líderes de la izquierda más tradicional (María Jesús Montero y Antonio Maíllo) fueron directamente a un choque centrado en la gestión de la sanidad y la vivienda hasta tensar más de lo normal a un candidato del PP, por momentos muy incómodos, que plantearon el desafío intercalando la defensa de su gestión con una retahíla de reproches centrados en la gestión del Gobierno de España y la gestión de las anteriores etapas socialistas.
Fue lo más parecido al cara a cara que no se ha registrado en esta campaña, Juanma Moreno tenía más que perder que ganar en esta confrontación. Y por eso optó por mantener un perfil bajo, centró todos los debates en una comparativa entre su gestión y la de la Junta de Andalucía en la última etapa socialista y, sobre todo, frente al Ejecutivo de Pedro Sánchez al que responsabilizó de los problemas de vivienda, de la “ocupación ilegal” o de la subida de impuestos.
Tenía argumentos preparados de todo tipo en la extensa documentación que manejaba. Incluso una respuesta a la advertencia del PSOE de que habrá un copago si sigue Moreno en su reforma de la sanidad. “Aquí hay un estudio que encargó usted sobre el copago cuando era consejera”, le respondió a Montero. Como principal propuesta traía preparada la aprobación de una ley de sanidad que garantiza un aumento de presupuesto y de personal cada año.
Fue la forma de defenderse de una dura ofensiva de las dos formaciones de izquierda que se arremetieron contra la “incompetencia” en los fallos del cribado, contra las privatizaciones de la sanidad o contra la “imposibilidad de las familias de acceder a una vivienda” a un precio digno por el rechazo a aplicar en Andalucía la Ley de Vivienda del Ejecutivo de Pedro Sánchez. “Su modelo es el de la privatización de los servicios públicos por eso nos jugamos tanto el 17M”, advirtió María Jesús Montero. El líder socialista sólo encontró por momentos su espacio en el debate al tener que combinar una estrategia a la defensiva (sus primeras palabras fueron para justificar su compromiso con Andalucía) con el ataque a Moreno.
Este choque entre modelos se evidencia en todos los bloques y específicamente en el ámbito de la financiación autonómica, un tema que inicialmente parecía que iba a ser clave en la campaña pero que se ha ido desdibujando ante el peso de la sanidad y la vivienda. “Andalucía es la más beneficiada por la propuesta de financiación, ¿quiere recursos para mejorar la sanidad o la vivienda, pues porque lo rechaza?”, le preguntó Montero respaldada en este bloque por Maíllo. “Es la única persona que puede creer que se puede firmar un acuerdo con el independentismo catalán que beneficia a Andalucía”, le respondió Moreno.
El protagonismo de Vox y Adelante Andalucía
Pero en este debate el reparto lo completaron dos formaciones que pueden ser clave en el resultado de estas elecciones. Adelante Andalucía, una formación en fase de crecimiento en todos los sondeos que está avanzando de forma transversal captando el voto andalucista, de lzquierda e incluso del “cabreo” que puede recurrir a Vox. Y, por otro lado, Vox, la formación a la que las encuestas dan por frenada pero que está relanzando su campaña calculando en los acuerdos alcanzados en Extremadura y en la figura de Santiago Abascal. Ambos, de hecho, protagonizaron una de los grandes choques del debate.
A la izquierda, Adelante Andalucía, cuyo candidato reforzado por su ubicación justo al lado de Moreno trató de marcar un discurso propio intercambiando críticas a la gestión del PP, la mayoría, con reproches a la etapa socialista al frente de la Junta de Andalucía o al Ejecutivo de Pedro Sánchez. Denunció la privatización de la sanidad durante la etapa de Susana Díaz “que abrió la puerta a la derecha” y censuró el plan de financiación estatal (“se puede ser de izquierda y rechazar esa propuesta”).
A la derecha (aunque en el centro del plato por sorteo) Vox que vino al debate a hablar de su libro, la “prioridad nacional” y el “fanatismo climático”. Si hay un debate sobre sanidad, el problema para Manuel Gavira son los inmigrantes lo mismo que para la vivienda o para cualquier política social. Si hay un debate sobre la situación del campo andaluz, el problema son las políticas contra el cambio climático.
Sus palabras encontraron respuesta por parte de los grupos políticos de izquierda que le tacharon de “mala persona”, de “mentir” o de criminalizar a los inmigrantes. A Vox le vino bien esa confrontación. Censuró a la “banda socialista”, denunció la salida de “los violadores de la cárcel”, criticó a los comunistas y arremetió contra Adelante Andalucía a quien acusó de “estar pagado por las subvenciones del PP”. “Parece que ha venido usted a hacerle el trabajo sucio a Moreno”, le reprochó García. “Mucha charlatanería pero ustedes luego van a pactar con Vox”, completó Maíllo.
Sin choque Vox-PP
Donde no hubo confrontación alguna fue en uno de los ejes que estaba llamado a ser uno de los puntos claves del debate: la relación entre PP y Vox. La formación de Santiago Abascal se mantuvo en todo el debate el mismo esquema que en su campaña en Andalucía. “Esto es lo que nos dejan a Andalucía las políticas del PP y los del PSOE, y nosotros queremos apostar por el sentido común”.
Gavira criticó los fallos en los cribados, las políticas contra el cambio climático y con especial dureza la inmigración. La izquierda le respondió. Pero Juanma Moreno no lo hizo en ningún momento. Esquivó todos los puntos de confrontación, todas las acusaciones en contra de lo que ha hecho en el Parlamento durante toda la legislatura. Ni siquiera en el bloque de políticas de pactos entró a distanciarse cuando Gavira subrayó que su objetivo es un acuerdo como el de Extremadura o Aragón con “la prioridad nacional” como eje principal.
Sólo entró en el último momento y de forma sútil: “Hay cuatro formaciones que tienen una cosa en común, que es poner fin a la mayoría de estabilidad y metros en un lío por eso os pido concentrar el voto para tener esa mayoría de estabilidad que líder yo”. Ni distanciamiento con Vox
Pero la izquierda está ya preparada para contrarrestar la llamada al voto útil que sirvió a Moreno en 2022. “Las políticas de Moreno son las mismas de Vox, por eso no tiene un plan de igualdad o de lucha contra la violencia de género”, le respondió Montero. “Las políticas de derecha del PP son iguales que las de Vox”, completó Maíllo.
La crisis de los cribados
Juanma Moreno no se enfrentó a Vox, ni tampoco se adentró en la crisis de los cribados del cáncer de mama, el eje de la mayor parte de los discursos de los grupos políticos. Toda la izquierda llevaba en su vestimenta símbolos vinculados con Vox como una pulsera o un lazo de Amama o la camiseta de José Ignacio García con el número de víctimas de los fallos.
“Han pasado muchos meses y sigue usted sin dar una explicación”, le reprocharon Montero, Maíllo o García, quienes le acusaron de “criminalizar” a las víctimas al obligarlas a ir al juzgado o de “elidir dar explicaciones”. Moreno se limitó a pedir respeto al resto de adversarios políticos. Pero esquivó entrar en una crisis, que ha sido la mayor que ha tenido que afrontar en toda la legislatura, pero que da por superada.
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