Los barrios de Palma exigen el cese de las nuevas licencias de bares y restaurantes por el ruido

Los residentes de Palma piden la suspensión inmediata de nuevas licencias para bares y restaurantes en zonas con contaminación acústica. La Associació de Veïns Barri Cívic Santa Catalina-Es Jonquet, junto con otros grupos vecinales locales, han lanzado una campaña de sensibilización titulada “El Ruido Es Tortura” enfatizando el impacto del ruido excesivo en el bienestar de la comunidad. Su atención se centra en distritos conocidos por una alta contaminación acústica, incluidos Santa Catalina, Es Jonquet, el Paseo Marítimo y Sa Llotja-Born, que se han convertido en destacados centros de actividad nocturna incontrolada en Palma.

A través de un comunicado formal, la asociación exigió “una revisión exhaustiva de las licencias vigentes” que garantice que todos los establecimientos “realicen actividades acordes con sus permisos y cumplan íntegramente las normas sobre ruido, como la insonorización, la instalación de puertas dobles, el mantenimiento de ventanas cerradas y el respeto de los límites de ocupación para evitar que el ruido se propague a las calles y viviendas aledañas”.

Las medidas adicionales propuestas incluyen detener las nuevas licencias de ocupación de espacios públicos para terrazas en zonas afectadas por el ruido y hacer cumplir controles más estrictos sobre las licencias existentes, penalizando las ocupaciones de calles no autorizadas o sobredimensionadas. También instan al ayuntamiento a suspender las autorizaciones para nuevos eventos con música o conciertos en espacios públicos, plazas o parques dentro de estas zonas ya saturadas de ruido, destacando que no todas las actividades públicas requieren música.

Pide cambios en la normativa municipal y su aplicación

Las asociaciones piden que se modifiquen las ordenanzas municipales para reducir el horario de funcionamiento, señalando que la normativa actual permite que los locales permanezcan abiertos hasta las 4 de la madrugada incluso dentro de los barrios residenciales. Abogan por incentivos que fomenten la reubicación de lugares –especialmente clubes nocturnos y grandes salas de conciertos– que actualmente operan en áreas designadas como BIC (sitios de patrimonio cultural), a zonas no residenciales.

En cuanto al uso del espacio público, también exigen reducir los horarios permitidos para la ocupación de terrazas e intensificar campañas para frenar conductas antisociales como el consumo de alcohol en la calle. Los residentes piden que se impongan multas efectivas contra actividades como sostener silbatos u otros dispositivos ruidosos que causen molestias innecesarias.

En definitiva, los colectivos locales se ofrecen a colaborar presentando propuestas concretas encaminadas a ‘encontrar una solución eficaz al problema del ruido que permita restablecer la convivencia vecinal’. El diálogo subraya las tensiones entre mantener una vida nocturna vibrante y preservar la calidad de vida de los residentes en los distritos centrales de Palma.