Cuando los españoles votan dentro de un año para elegir a sus alcaldes, y en muchas comunidades autónomas también sus presidentes regionales, es difícil aventurar cuál será el contexto político general, más aún después del terremoto político que supone la investigación judicial a José Luis Rodríguez Zapatero conocida esta semana. Pero hay un acontecimiento de envergadura que sí o sí ocurrirá muy poco antes de los comicios que tendrán lugar el cuarto domingo de mayo, es decir, el día 23, justo dentro de un año. Se trata de las elecciones presidenciales francesas, en las que no es imposible que esta vez la extrema derecha de Marine Le Pen alcance, tras varios intentos fallidos llegando a la segunda vuelta, el Palacio del Elíseo.
Para Santiago Abascal, que una vez más volverá a ser el principal reclamo de la campaña de su partido, Vox, hasta el punto de convertirse en el ‘candidato’ de facto en todos los municipios donde se presenta su partido, el triunfo o no de su correligionaria gala no sería baladí. Desde hace mucho tiempo, incluso cuando Vox era extraparlamentario, fraguó una estrecha relación con ella que ha terminado con el político de Amurrio (Álava) como presidente de Patriotas, la familia europea que integra también el ex primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, distinta de la de los reformistas en la que destaca la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, con la que por otra parte siempre ha tenido Abascal una muy cordial relación personal. Así como la reciente derrota de Orbán ha puesto cierto plomo en las alas a su proyecto político y aun a su propia figura, un histórico triunfo de Le Pen podría revitalizarle. Aunque sin perder de vista que podría ser un elemento movilizador para el PSOE y la izquierda española en general, agitando de nuevo el discurso del miedo contra la extrema derecha.
En cualquier caso, Vox se enfrenta a esas elecciones con buenas perspectivas. En los últimos años ha continuado su crecimiento hasta consolidarse como la tercera fuerza política de España, las cuatro elecciones autonómicas celebradas este curso (Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía) han evidenciado su papel clave para que el Partido Popular (PP) retenga su poder autonómico y aunque las aguas revueltas siguen, con un sector crítico que ha hecho algo más que ruido en los últimos meses, no hay nada que haga dudar, hoy por hoy, del liderazgo de Abascal, y de su de controlar todo. el aparato orgánico a través, sobre todo, de su campo número dos, el secretario general Ignacio Garriga.
El relevo de Ortega Smith
Precisamente las turbulencias internas obligarán a tomar una decisión muy relevante para la cita con las urnas de justo dentro de un año. El que fue candidato a la alcaldía de Madrid en 2019 y 2023, Javier Ortega Smith, está ya expulsado oficialmente de la formación, aunque mantiene tanto su acta de concejal en el consistorio de la capital como la de diputado por la provincia de Madrid en el Congreso. Su relevo para 2027 como candidato estaba totalmente descontado por Abascal mucho antes de esa expulsión, y cuando la ruptura entre ambos (política, pero también con un fuerte componente personal) ya era inocultable, por lo que la decisión sobre el relevo no le levo pilla de improvisto, y ha tenido tiempo de madurarla.
Entre otras muchas cuitas y turbulencias, el presidente de Vox siempre le reprochó a su antiguo amigo que la formación no lograse crecer más en el ámbito de Madrid capital, cosa que incluso sí ha hecho, al menos en las encuestas, en el ámbito de la comunidad, haciendo frente nada menos que a un fenómeno político como el de Isabel Díaz Ayuso. Hace tres años Ortega Smith obtuvo un 9% de los sufragios, estériles a la postre dada la mayoría absoluta de José Luis Martínez-Almeida. El nombre del candidato será un secreto bien guardado, pero no es ninguna novedad el ascendente en el partido, y particularmente en el ámbito madrileño, del portavoz adjunto Carlos Hernández Quero.
Por lo demás, Vox logró en 2023 una treintena de alcaldías, en municipios muy pequeños, y entró en gobiernos municipales con el PP que, a diferencia de las coaliciones autonómicas, no se han roto. Incluso en capitales de provincia como Valladolid, Burgos, Guadalajara, Toledo y Ciudad Real. Unas plazas en las que será interesante observar cómo le ha ido al partido tras cuatro años gobernando con los de Alberto Núñez Feijóo.
Suscríbete para seguir leyendo