INVESTIDURA JUANMA MORENO | Vox espera la llamada de Moreno y el PP activa el control de daños sobre la ‘marca Juanma’

“Si no se habla, difícilmente podremos llegar a un acuerdo”. “Sin conversaciones es imposible avanzar”. “Los andaluces nos piden que nos entendamos”. Vox quiere que Juanma Moreno descuelgue el teléfono y llame a Manuel Gavira, mientras el PP gana tiempo para ver cómo puede negociar un acuerdo de investidura en Andalucía minimizando daños a la ‘marca Juanma’. La etiqueta del político de centro moderado que tan hábilmente ha construido en los últimos años el equipo de Moreno está en juego.

En el Gobierno en funciones esperan. En el PP siguen estudiando los datos y analizando bien unos resultados que los han dejado a dos diputados de la mayoría absoluta. La primera fecha en el calendario es el 11 de junio, con la constitución del Parlamento. La Mesa de la Cámara servirá para empezar a negociar, y el PP tiene en la presidencia del Parlamento, o en una vicepresidencia, su primera moneda de cambio y su primer regalo a Vox.

Esta semana de resaca electoral, Moreno ha tomado la palabra en varias entrevistas y en la Junta Directiva de su partido para dejar claro que negociará con los de Santiago Abascal, pero sin perder sus principios. “Llegué siendo yo y seguiré siendo el mismo”. Igual será difícil. El camino está marcado. Desde Vox remitieron al acuerdo que firmaron en enero de 2019 en Andalucía, la primera experiencia de la extrema derecha española facilitando gobiernos. 37 puntos que hoy se le quedan cortos a los de Abascal.

Entonces Elías Bendodo fue el hombre clave para negociar con Vox durante toda la legislatura. Ahora Moreno debe redefinir su núcleo político duro y buscar a alguien capaz de dialogar con Abascal sin perder posiciones. Antonio Sanz, sobrecargado en la última etapa con el gigante de Salud y Emergencias, es su político más veterano. Antonio Repullo es su persona de confianza en el partido. Ambos están en las antípodas en la manera de entender la política.

Desde el partido de extrema derecha avisan de que no hay que dar por hecho que no entren en el Gobierno andaluz. En Extremadura tienen una vicepresidencia y dos consejerías. En Aragón, tres consejerías, una de ellas con rango de vicepresidencia. En ambos gobiernos controlan áreas como agricultura, ganadería y medio ambiente, además de familia y servicios sociales.

El espejo de Extremadura y Aragón

El líder de Vox en Andalucía, Manuel Gavira, anima a Moreno a llamar a María Guardiola y a Jorge Azcón porque van a pedir lo mismo que en esas comunidades. El acuerdo de Extremadura tardó cuatro meses en cerrarse, el de Aragón se rubricó en dos y el de Castilla y León sigue pendiente, con acuerdo de momento en la Mesa del Parlamento y una vicepresidencia para Vox.

Los documentos de PP y Vox ya firmados son muy similares, de corta y pegada en muchos capítulos que en Andalucía ya pueden ir asumiendo que tendrán que digerir. Rebaja de impuestos, sanidad, educación o familia y natalidad no supondrán mayor problema. Lo difícil estará en los capítulos de inmigración, con dos asuntos centrales: los menores inmigrantes no acompañados y el concepto de prioridad nacional. También habrá choque en parte de las leyes medioambientales. Moreno era un presidente que iba al Parlamento con el pin de la Agenda 2030 en la solapa de la chaqueta y que prometió una “revolución verde” en Andalucía. A Vox todo ese discurso del PP andaluz siempre le ha dado siempre grima. Son negacionistas de lo que ellos llaman el “fanatismo climático”.

Los acuerdos suscritos en otras comunidades obligan a esos gobiernos autonómicos a oponerse por “todos los medios legales, jurídicos y políticos” a acoger menores inmigrantes. “Ni una plaza más y reducción del gasto al mínimo legal imprescindible”, recoge otro punto. También incluyen el “endurecimiento del régimen disciplinario” en los centros de menores, una “auditoría anual de todos los gastos vinculados a la inmigración masiva”, la “supresión total de subvenciones a ONG que favorecen la inmigración ilegal”, la creación de una unidad de vigilancia del fraude en el padrón o la “prohibición del burka y nicab en espacios públicos”. Esto último ya lo permitió Córdoba y el Ayuntamiento de Sevilla por imposición de Vox al PP. Esos apartados están calcados en los acuerdos ya firmados, así que no cabe duda de que en Andalucía también se impondrán sobre la mesa.

El otro capítulo difícil de tragar para el PP de Juanma Moreno es el de la prioridad nacional, sobre el que Vox ha hecho girar su campaña por encima de otras banderas ideológicas de etapas pasadas, como el control de la educación en las aulas, con el pin parental, la igualdad, la violencia de género o el movimiento LGTBI. Es la lepenización de Vox: la entrada de Santiago Abascal en las capas obreras para captar el descontento en los barrios más pobres, aquellos que conviven en mayor medida con la inmigración. El mundo rural ya no es el único objetivo, sino ese voto que un día fue de izquierdas, que hoy está en la abstención y que el PP tiene difícil captar. Abascal quiere llegar a la Moncloa a lomos del cabreo, el descontento y el malestar. El voto que ya consiguió con su catecismo ideológico clásico ya lo tiene.

fin del oasis andaluz

El PP defiende que su fortaleza en Andalucía es mayor que la de sus compañeros en otras comunidades. En Extremadura, el PP de Guardiola obtuvo un 43,18% de los votos frente al 16,9% de Vox. En Aragón, el PP tuvo el 34,17% de los apoyos frente al 17,84% de Vox. En Andalucía, Moreno obtuvo el 41,6% de los votos y Vox el 13,8%, casi 28 puntos de diferencia. Una brecha muy similar a la de Extremadura (26,2), y ya sabe el presidente andaluz lo que a Vox le gustó humillando a Guardiola, que, como baronesa moderada del PP, se había encargado de poner distancia y diferenciarse de Santiago Abascal.

La semana que viene empezarán a medirse ya mover ficha. El PP quiere que la negociación se desarrolle en Andalucía, pero Gavira tiene margen limitado: lo que se acuerda depende de Madrid y de Abascal. Moreno ha evitado hasta ahora pedirle al PSOE oa los otros partidos de la izquierda que se abstienen para frenar a Vox. Se impone la vía Génova a la vía andaluza. Ese debate, permitirá, ni siquiera se va a abrir.

Empieza el lío. Punto y final al oasis político andaluz.