Illa llama a rescatar del olvido figuras como Conxita Badia

La voz de Conxita Badia (Barcelona 1897-1975), soprano y pianista catalana que vio su carrera truncada por el estallido de la Guerra Civil en 1936, ha vuelto a escucharse más de 90 años después en el Palau de la Generalitat. Lo ha hecho en el acto de clausura de un año dedicado a rescatar la figura de una artista que tuvo como maestros a Enric Granados, Manuel de Falla y Pau Casals y como alumna a Montserrat Caballé. “La grandeza de un país se mide por la capacidad de evitar que el tiempo borre el rastro de las personas que lo han hecho grande”, ha asegurado el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, que ha advertido que su legado no puede “caer en el olvido” y que los 150 actos celebrados para recordarla deben ser solo “el punto de partida”.

El presidente ha vuelto a insistir en que esta semana Catalunya “ha iluminado” al mundo con el acto de bendición del Papa de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia y que eso debe servir para “dimensionar como es necesario la mirada sobre el país”, que tiene una lengua y una cultura “milenarias” y una “voluntad de ser y de convivir”. De la misma manera que se reconoce a Antoni Gaudí ha defendido que debe también preservarse la memoria de Badia, especialmente teniendo en cuenta, como ha recordado la consellera de Cultura, Sònia Hernández, que las mujeres han quedado siempre invisibilizadas en los relaciones culturales dominantes. Más aún, ha subrayado Illa, teniendo en cuenta que el común denominador de los catalanes y catalanas universales es que, más allá del talento, tuvieron “compromiso y generosidad” con su país.

Mireia Domènech, bisnieta de Badia y comisaria del año de conmemoración del medio siglo que hace de la muerte de esta soprano universal ha hecho una glosa de su vida. Tanto de la carrera meteórica antes de que estallara la Guerra Civil como la dura etapa del exilio en Francia primero y en Brasil y Argentina después, así como el regreso, en 1946, a una Catalunya que ella anhelaba que volviera a ser republicana. Nunca dejó de cantar, de componer y de enseñar. Desde el exilio ejerció de embajadora de la cultura catalana pese a las fronteras y las adversidades políticas.

El objetivo, ha dicho Domènech, era “volver a poner a Conxita Badia en el mundo”. El presidente lo ha resumido como un “ejercicio de memoria democrática” del que Catalunya no puede desentenderse. El acto se ha completado con un recital musical dedicado a la soprano catalana que ha incluido algunas de sus composiciones y que ha ido a cargo de la soprano Ulrike Haller y el pianista Pau Casan, otro de los bisnietos de Conxita Badia.

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