El Ministerio del Interior de España declaró una emergencia nacional a última hora del jueves 23 de julio de 2026 para la Comunidad de Madrid y la provincia de Ávila después de que las autoridades regionales solicitaran el más alto nivel de apoyo de protección civil.
La medida coloca la emergencia bajo la coordinación del gobierno central, con la Unidad Militar de Emergencias (UME) asumiendo un papel operativo de liderazgo junto con los bomberos regionales, equipos de emergencia y otras agencias. Es una de las respuestas de emergencia más graves disponibles durante los grandes desastres naturales en España.
La decisión se produjo tras la rápida propagación de varios incendios en los alrededores de Villa del Prado y San Martín de Valdeiglesias en Madrid, mientras que otro gran incendio seguía amenazando a Burgohondo en Ávila. Los fuertes vientos y las condiciones extremadamente secas han dificultado especialmente los esfuerzos de contención.
Miles de personas obligadas a huir
Las mayores evacuaciones se han producido en el suroeste de Madrid, donde barrios enteros, urbanizaciones y centros asistenciales han sido despejados a medida que las llamas avanzaban hacia zonas pobladas.
Se han abierto refugios de emergencia para los residentes desplazados, mientras que varias carreteras permanecen cerradas para permitir que las operaciones de extinción de incendios continúen de forma segura. Las autoridades han instado repetidamente a las personas a no viajar a las zonas afectadas y a seguir las instrucciones de evacuación inmediata si se les ordena salir.
En Ávila, unas 1.500 personas fueron evacuadas de El Tiemblo, sobre todo de alojamientos de turismo rural y zonas residenciales amenazadas por el incendio. Varios municipios cercanos también han experimentado órdenes de confinamiento mientras los equipos trabajan para evitar una mayor propagación.
Los bomberos enfrentan condiciones difíciles
A pesar de los intensos esfuerzos nocturnos, las autoridades dijeron que varios de los incendios seguían sin control el viernes 24, y los vientos cambiantes continuaron obstaculizando las operaciones de extinción.
Cientos de personal de emergencia, apoyados por aviones y recursos militares, siguen desplegados en las regiones afectadas. Las autoridades advirtieron que las condiciones climáticas cambiantes aún podrían alterar la dirección y la intensidad de los incendios, lo que significa que la situación sigue siendo muy impredecible.
La última crisis se produce durante una de las temporadas de incendios forestales más destructivas de los últimos años en España, y las tierras quemadas en todo el país ya superan con creces las cifras registradas en la misma etapa el año pasado.