Auge, caída e indulto de Laura Borràs

“Concurren razones de justicia y equidad”. Con esta justificación, la misma que se usa en los otros cuatro indultos publicados este miércoles en el BOE, el Gobierno ha zanjado el último capítulo de la vida judicial de Laura Borràs. Lo ha hecho un año y medio después de que el Tribunal Supremo confirmara la sentencia, y justo antes del parón veraniego. Termina así la “pesadilla”, en palabras de la propia Borràs, de que podía acabar “privada de libertad”. Sin embargo, se trata de un indulto parcial: no se levanta la inhabilitación que pesa sobre ella, por lo que seguirá sin poder ocupar ningún cargo público ni presentarse como candidata a las elecciones.

Borràs llegó al mundo de la política como un fichaje personal del expresident Carles Puigdemont, que fue a buscarla en la Institució de les Lletres Catalanes (ILC) para la candidatura de Junts a las elecciones de diciembre de 2017. Ocupó uno de los puestos de salida, el cinco por Barcelona. Su ascenso fue meteórico: consellera de Cultura, candidata al Congreso ya la Generalitat, presidenta del Parlament y presidenta del partido, todo en apenas cuatro años. Pero su caída también fue galopante.

La causa por la que acabó siendo condenada se inició a raíz de una investigación por tráfico de drogas contra su amigo Isaías Herrero. Los Mossos d’Esquadra intervinieron conversaciones y correos electrónicos que aludían a Borràs ya facturas que Herrero, como informático, había cobrado de la ICL. La institución estaba presidida entonces por el exlíder de Junts. En total, fueron 18 contratos menores adjudicados sin pasar por un concurso público.

La causa por corrupción acabó costándole su cargo de presidenta del Parlamento. Cuando se le abrió juicio oral en julio de 2022, paso previo a sentarse en el banquillo de los acusados, la Mesa de la Cámara catalana acordó su suspensión inmediata con los votos de PSC, ERC y CUP. Ella siempre se negó a dimitir, a pesar de que su decisión dejó la Presidencia de la Cámara catalana en una inédita itinerancia ya su partido sin la segunda autoridad de Cataluña, durante casi un año.

Laura Borràs frente al Parlament de Catalunya, después de conocer su sentencia / RICARD CUGAT / EPC

El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) la condenó en marzo de 2023 a cuatro años y medio de prisión por falsedad documental ya 13 años de inhabilitación por prevaricación. En la propia sentencia, sin embargo, el tribunal se mostró partidario de que se le concediera un indulto que rebajae la pena de cárcel a dos años, con el fin de evitar la entrada en prisión. El delito de falsedad documental no puede castigarse con menos de cuatro años de cárcel porque así lo recoge el Código Penal, pero el tribunal dejó claro que lo consideraba “excesivo”.

También el partido, que inicialmente la apoyó, determinó que la sentencia era desproporcionada. Sin embargo, desde entonces sus intervenciones y su poder fueron disminuyendo. Una muestra de ello fue que quedó totalmente al margen de la negociación con el PSOE, a pesar de que en el momento de la investidura de Pedro Sánchez ella aún era la presidenta de los posconvergentes. Puigdemont, entonces sin papel ejecutivo en la formación, y Jordi Turull se encargaron de negociar y firmar el pacto.

Poco a poco, sus afines también perdieron poder: Francesc de Dalmases, Aurora Madaula, Cristina Casol, Jaume Alonso Cuevillas y David Torrents. Solo el primero se mantiene como diputado.

Su mandato como presidenta del partido terminó en 2024, dos años antes de lo establecido por los estatutos de la formación. Después de las últimas elecciones en el Parlament, Puigdemont decidió recuperar las riendas de la organización. Hasta ese momento seguía siendo el líder moral, pero no ostentaba ningún cargo. Borràs fue relegada a la nueva fundación del partido, aunque no era una organización del todo nueva, sino la reconversión de la que hasta entonces tenía Demòcrates.

23/10/2024 El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont con la presidenta de Junts, Laura Borràs (archivo)

Carles Puigdemont con Laura Borràs poco antes del congreso del partido que la sustituyó como presidenta / JUNTAS

Esto agregó obstáculos a su salida. No solo porque la fundación contaba con su propia estructura, también porque Borràs estaba inhabilitada. Esta circunstancia impidió que fuera presidenta del ‘think tank’, ya que el artículo 332-3.2 del código civil catalán no permite ser patrono -condición indispensable para ser presidente- de ninguna fundación a “inhabilitados para ejercer cargos públicos” o condenados por “delitos de falsedad”. Ambas condiciones presentes en el caso de la expresidenta de Junts.

Después de un año de negociaciones y encajes de bolillos, se la nombró director académico en octubre de 2025, pero tampoco este puesto le ha permitido recuperar el protagonismo público.

“El Estado español me mantiene inhabilitada para la política institucional, pero son muchísimas las personas que me habilitan cada día para la política activa con su apoyo”, defendió la propia Borràs tras conocer que el Consejo de Ministros había firmado su indulto. Fue este martes 28 de julio, el mismo día en que, cuatro años antes, había sido destituida del cargo más importante que ha ocupado, el de presidenta del Parlament.

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