Algo elemental en su actuación es la tan abusada palabra espontaneidad. Pero eso lo verás en Tanuja, especialmente en sus películas bengalíes, Anthony Firingee (1967), Teen Bhubaner Pare (1969), Adalat O Ekti Meye (1981), o el destacado giro más reciente en Shonar Pahar (2018). Puedes ver la tormenta rugiendo debajo cuando ella está sentada sola en la mecedora.
Puedes ver el mismo oficio y facilidad, ya sea Ek Masoom (1969) o A Death in the Gunj (2016). Es una pena que la incluyeran en los dramas familiares de la sufrida madre ghar-dwar y se convirtiera en la bhabhi sufriente en Boxer (1984) y Yaarana (1981) para héroes mucho mayores.
Tanuja marchó a su propio ritmo. Ella hizo las reglas; ella los rompió. Si tenía cicatrices, no se las mostró al mundo. De vez en cuando se puede ver un destello de dolor y dolor en Pitruroon (2013).
Gritará y gritará como lo hizo cuando chisporroteó en la sensualmente coreografiada canción Raat akeli hai (Ladrón de joyas, 1967) de Vijay Anand, y luego interiorizará su actuación e interpretará a una estoica víctima de violación en Adalat O Ekti Meye.
Ella no desmitificará su oficio; ella no tiene ningún interés. Ella flotará como la espuma sobre los mares; hay que probar la sal. Desde Guru Dutt hasta Kishore Kumar, ha estado con genios excéntricos. Sabe mucho pero tiene muy poco que decir. Ese es su oficio. Tienes que darle sentido y significado a lo que se muestra. Lo suyo es no contarlo. Lo tuyo es discernir y saborear. Feliz cumpleañosTanujaji.
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