Durante buena parte de su vida pública, Miriam González Durántez (Olmedo, Valladolid, 1968) ha procurado que su apellido no quedara reducido al de su marido. Aunque su matrimonio con Nick Clegg, exviceprimer ministro británico, la convirtió en un personaje conocido a ambos lados del Canal de la Mancha, su trayectoria profesional ha discurrido por un camino propio muy sólido: el Derecho, el comercio internacional, las instituciones europeas, los grandes despachos y los consejos de administración. Ahora, esta jurista abandonada de la defensa de la igualdad de oportunidades ha añadido una nueva dimensión a su carrera con la que apunta más alto todavía: se presentará a las elecciones generales.
¿Una mujer que ha hecho carrera fuera de la política puede convencer a suficientes españoles de que precisamente ella puede cambiarla? El pasado 29 de septiembre, durante el #Afterwork de EL PERIÓDICO que compartió con la directora del diario, Gemma Martínez, González reconoció que el reto es mayúsculo, pero lo asume con un lenguaje muy comprensible: “Puedo aportar lo que cualquier otro español: si uno piensa que las cosas no están funcionando bien, hay que esforzarse para lograr el objetivo de cambiarlas. Hemos puesto el volumen de la emocionalidad muy alto y hay que aplicar la racionalidad”.
Experto en comercio internacional
Su carrera profesional la ha llevado a Bruselas, Londres y Estados Unidos, siempre alrededor de una especialidad que acabaría marcando buena parte de su perfil: el comercio internacional. Llega al debate público después de décadas trabajando fuera de las estructuras partidistas, pero acostumbrada a mediar entre posiciones antagónicas, fruto de su trabajo en el grupo de árbitros de la Comisión Europea para disputas comerciales. Igual de relevante fue su paso por el mundo empresarial, con puestos de responsabilidad en consejos de administración y órganos de gobierno de grandes compañías, entre ellos UBS Europe y Acciona.
Pero quizás la iniciativa que más la ha forjado ha sido Inspiring Girls. El proyecto nació en Reino Unido con una idea sencilla y poderosa: poner a niñas y adolescentes en contacto con mujeres que puedan servirles como referentes profesionales. González sostiene que los estereotipos condicionan muy pronto las aspiraciones de las niñas, y que mostrarles mujeres en profesiones y puestos de responsabilidad hace que crean en sus posibilidades: “Cada niña debe sentirse libre para soñar, tener grandes aspiraciones y elegir lo que quiere hacer en su vida”. La organización internacional que fundó y preside opera actualmente en más de 46 países de todos los continentes.
De España Mejor a Democracia 21
El gusanillo de la política le llegó en 2023 y se plasmó en España Mejor, una plataforma que se definió por lo que no era: “ni un partido, ni un ‘lobby’, ni un ‘think tank'”. Era un foro en el que ciudadanos y profesionales podían hacer propuestas de políticas públicas alejadas de la batalla ideológica y la polarización: pensiones, educación, economía, agua, vivienda, justicia, aforamientos… González dedicó la primera parte de este 2026 a hacer ruta por España para “escuchar” y, en junio, todo ese ‘brainstorming’ desembocó en, esta sí vez, un partido político: Democracia 21. “He recorrido 40.000 kilómetros y obtuvo muy buenas palabras, pero nadie ha hecho nada”. Este sábado ha lanzado oficialmente la formación, con la que se presentará a las próximas elecciones generales del 29 de noviembre.
González describe el nuevo proyecto como una reacción frente a un sistema llevado por dirigentes que han hecho de la política una profesión vitalicia alejada de la sociedad. Y lo denuncia con firmeza: “Hay muchísima gente que ahora mismo está en la política que debería salir de la política y muchísima gente que está fuera que tiene que involucrarse”. Regeneración, modernización, controles y límites fraguan su discurso, que cuestiona la politización de determinadas instituciones, reclama cambios en la Justicia y defiende una mayor independencia de los órganos de control.
Ni de derechas ni de izquierdas
Y la pregunta del millón: ¿Democracia 21 es de derechas o de izquierdas? González esquiva “muy deliberadamente” la disyuntiva y abre su partido a todo aquel que quiera “limpiar y modernizar” España. “Juntar a gente que está fuera de la política en un momento crucial para el mundo dispuesta a dar la vuelta a la política española como un calcetín, más allá de las diferencias ideológicas”. No obstante, en su discurso no falta una reivindicación del liberalismo “bien entendido”, una posición centrista que le ha valido, en estos tiempos de ruido y furia en las redes sociales, ser acusada “desde falangista hasta socialcomunista”. Y remacha: “Qué pena tener tantas etiquetas y tan pocas ideas”.
Ahí quizás radique el gran interrogante del proyecto: los partidos que han querido ocupar el centro político han acabado arrasados por la dinámica de unos bloques convertidos desde hace tiempo en trincheras. ¿Por qué iba a ser distinto esta vez? “Nos comparan con Ciudadanos, con UPyD, con Podemos, con Sumar, con el Partido Reformista de Miquel Roca… Ninguna de esas opciones ha tenido la audacia de trazar una línea de transversalidad respetuosa a la hora de plantear la ruptura o la reforma, porque es difícil salirse de una dinámica de partidos convertidos en corazones inexpugnables”.
Aunque ahora el malestar con las instituciones lo capitaliza la extrema derecha, González sostiene que existe una buena parte de la ciudadanía cansada del ruido político que no está necesariamente radicalizada: “La calle no está polarizada”. Si los extremos plantean llegar al poder para vaciar la democracia de contenido, la propuesta de González quiere “devolverla” a la ciudadanía, como plantea el título de su libro.
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