Los Reyes visitan una Ceuta con las playas vacías de inmigrantes y las devoluciones todavía pendientes

En las playas de Benítez y El Trampolín, en Ceuta, no hay ni un papel en la arena. No queda ni rastro de las hileras de chabolas y tiendas que durante semanas dieron cobijo a millas de inmigrantes que cruzaron la frontera desde Marruecos los días 30 y 31 de julio. Son paisajes casi idílicos, pero esa imagen de calma engaña. Además de las carpas donde el Gobierno ha reubicado al grueso de los desalojados para tomarles los datos y poder identificarles, solo hace falta acercarse a las naves del polígono del Tarajal o adentrarse en las callesjuelas del barrio del Príncipe para ver que centenares de jóvenes siguen malviviendo a la intemperie bajo cajas de cartón y telas. Siguen, junto con los que están escondidos en los montes y en ‘pisos patera’, fuera del control de las autoridades. Es la Ceuta que visitaron este martes Felipe VI y Letizia, en un viaje histórico dos meses y medio después de la entrada masiva desde el país vecino.

Y la precariedad también es negocio para los desalmados: hay quien cobra hasta 50 euros por persona y noche por un colchón en el suelo

Para los Reyes es su primera visita a la ciudad autónoma. Juan Carlos I y Sofía solo viajaron una vez durante los 39 años de reinado, en noviembre de 2007, y se fueron a dormir a Madrid antes de ir, al día siguiente, a Melilla. Esta vez Felipe VI y Letizia pernoctarán en Ceuta antes de desplazarse el miércoles a la otra ciudad autónoma, un gesto con el que quieren mostrar normalidad y expresar el respaldo de la Corona a la ciudad después de la crisis política y social que ha vivido.

Vista de la playa de El Trampolín, en Ceuta, este lunes. / EL PERIÓDICO

Las playas no se han vaciado por casualidad. Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial y responsable del ‘mando único’ de la crisis, se comprometió el 24 de septiembre ante un grupo de vecinas a desalojar los asentamientos antes del 15 de octubre. El objetivo se cumplió el domingo 11 con el desalojo policial de El Guano, último gran asentamiento costero, tras los de Benítez y El Trampolín. Los desalojos se aceleraron en vísperas de la visita real, aunque ese argumento no es usado ni siquiera por el Gobierno de la ciudad, presidida por Juan Jesús Vivas (PP). Había algo más que una cuestión de imagen. Con la llegada del otoño, los temporales de levante convierten estos arenales en lugares peligrosos. En El Trampolín, las olas pueden atravesar la playa y alcanzar incluso la carretera; en Benítez, preocupaban las inundaciones junto a los desastres. Las chabolas de cañas y plásticos no protegían de las olas. Pero desalojar, sin embargo, no es dar una solución. El problema se ha movido de sitio. Y la precariedad también es negocio para los desalmados: hay quien cobra hasta 50 euros por persona y noche por un simple colchón tendido en el suelo. Sin datos oficiales, uno de los últimos que ha dado Cruz Roja la semana pasada es que repartía 3.500 comidas solo en la playa de El Trampolín a personas que todavía no están en el radar de las autoridades y duermen en la calle.

El Gobierno central reivindica, pese a todo, un cambio de tendencia entre lo que sufrió Ceuta en julio y cómo está ahora. Torres elevó el domingo a cerca de 12.000 los retornos voluntarios a Marruecos desde el 10 de agosto y cifró las expulsiones en 513 (todas por cometer algún tipo de infracción). El Ejecutivo de Vivas pone el foco en lo que aún no ha ocurrido: las devoluciones tras el proceso administrativo correspondiente, en buena parte ligadas a solicitudes de asilo que piden de manera automática para no ser expulsados. Ahora mismo hay unas 7.000 personas atendidas por el Estado (con techo y comidas) y pendientes de la identificación y, si corresponde, expulsión. El procedimiento puede durar hasta 12 semanas. El Gobierno quería hacer un decreto extraordinario para agilizar todos los trámites, pero sigue sin aprobarlo. En la agenda urgente del Consejo de Ministros encontró antes prioridad el decreto de vivienda y este tema se ha olvidado por ahora.

Cerca del barrio del Príncipe

Queda también el desafío de los menores: el balance estatal del 8 de octubre cifraba en 2.827 los acogidos por la ciudad, cuyo sistema está desbordado. Y la inquietud de no saber a ciencia cierta, ni el Gobierno central ni el de la ciudad, cuántos siguen durmiendo en la calle. Hasta esa fecha se habían producido 86 reagrupaciones familiares y solo 173 traslados de menores a otras comunidades.

Aspecto de una de las calles del polígono del Tarajal, en Ceuta, este lunes.

Aspecto de una de las calles del polígono del Tarajal, en Ceuta, este lunes. / EL PERIÓDICO

Es la otra cara de una jornada que llevará a los Reyes al Palacio de la Asamblea, a un colegio (Vicente Aleixandre) y al cementerio musulmán de Sidi Embarek, donde está previsto un homenaje a quienes murieron en el mar durante los sucesos del 30 y 31 de julio. El camposanto está en el barrio de los Rosales, donde en algunas calles siguen durmiendo inmigrantes a la intemperie, y está a apenas un kilómetro del barrio del Príncipe, una de las zonas donde más irregulares se asentaron desde la entrada masiva y donde aún se puede ver a muchos de ellos sentados en las plazas, los portales y las aceras. Ceuta ha recuperado las playas a tiempo para una visita excepcional y ante el temor de los temporales. La normalidad, sin embargo, sigue teniendo muchos expedientes pendientes.

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