Las contradicciones detrás de la asociación de un santo reverenciado por millones con una celebración marcada por la violencia. Crédito: Artista de Jeane
El artista y activista de nacido brasileño Jeane, conocido por sus provocativas instalaciones públicas hechas de basura y materiales reciclados en Denia y Javea, ha lanzado una nueva y audaz campaña que desafía el uso del nombre de San Fermín en relación con el Festival de Bull-Running de Pamplona. Su carta abierta, compartida con Euro Weekly News junto con una de sus últimas piezas visuales, cuestiona las contradicciones morales detrás de asociar a un santo venerado por millones con una celebración marcada por la crueldad animal, la embriaguez y la violencia.
Jeane, que vive y trabaja en Denia, se ha hecho conocido por su serie de “caras feas”: retratos grotescos y expresivos hechos de cigarrillos y cartón recolectados durante las limpiezas locales de la playa. Pero esta vez, su objetivo no es el desperdicio de tabaco, sino la hipocresía cultural.
“Escribo como artista, como ciudadano y como alguien que defiende la vida en todas sus formas”, comienza Jeane. “Lo que veo cada año durante el Festival de San Fermín es un espectáculo grotesco disfrazado de tradición, uno que deshonra el mismo nombre que dice celebrar”.
¿El nombre de un santo, la vergüenza de una ciudad?
En su carta, Jeane pregunta: “¿Con qué derecho usamos el nombre de un santo para justificar la embriaguez, el abuso animal y las muestras degradantes del exceso humano?”
Ella argumenta que la celebración moderna de San Fermín, particularmente los Encierros, o Bull Runs, ha perdido cualquier valor espiritual o cultural que alguna vez tuvo. En cambio, lo ve como una mezcla peligrosa de alcohol en exceso, desorden público y violencia legitimada, tanto hacia los animales como dentro de las multitudes.
“Cada año, los toros aterrorizados se ven obligados a correr por las calles llenas de personas gritos e intoxicadas. Este no es un patrimonio cultural que vale la pena defender, es una postal de desensibilización y exceso”, escribe.
Para Jeane, el problema no es solo el tratamiento de los animales, es el mensaje cultural más profundo que envía el evento. “Hemos llegado a aceptar que el abuso de alcohol es parte de la pertenencia. Esa violencia puede ser tradición. Esa crueldad puede ser festiva. Todo bajo la bandera de un santo”.
Desde colillas de cigarrillo hasta símbolos sagrados
Las intervenciones de Jeane siempre están enraizadas en su medio de firma: los desechos. Desde colillas de cigarrillos hasta cartón desgarrado, ella usa lo que otros descartan como una plataforma para la protesta artística. Sus “caras feas”, rostros humanos distorsionados reunidos a partir de la basura de la playa, aparecieron por primera vez en las calles de Denia y Javea el verano pasado.
“La gente dice que son feas, pero están destinadas a ser”, explica. “Reflejan lo que nos negamos a ver: el impacto de nuestros hábitos en nosotros mismos y en la naturaleza”.
Ahora, su última pieza atrae un paralelo entre la descomposición espiritual y la degradación ambiental. “Ya sea la tierra o lo sagrado, tratamos todo con la misma mano descuidada”.
La pieza visual que acompaña a su carta representa una figura media-saint, media bola, cosida con alambre y plástico, la cabeza inclinada bajo una lluvia de botellas. Es sorprendente, inquietante, y tiene la intención de provocar.
No es una cruzada, sino un llamado a la coherencia
Jeane insiste en que su campaña no es antirreligiosa. Por el contrario, ella cree que la verdadera espiritualidad exige consistencia, especialmente de instituciones como la Iglesia.
“¿No debería la iglesia ser la primera en hablar por dignidad, compasión y protección de los vulnerables?” Ella pregunta. “En Pamplona, los más vulnerables son los animales, y los jóvenes que ven el alcohol como un rito de iniciación”.
Ella llama a las autoridades de la iglesia, los gobiernos locales y los ciudadanos por igual a reevaluar el uso de nombres sagrados en las celebraciones públicas que ya no reflejan sus valores originales.
“No es tradición, es una campaña de marketing por exceso”, dice ella. “No es devoción, es la explotación de símbolos”.
Su propuesta? Que el nombre de San Fermín se disocíe del festival actual, y que se promuevan las celebraciones alternativas, las que celebran la vida en todas sus formas. “El respeto no debe ser opcional. La espiritualidad no debe empaparse en sangre o vómito”.
De Denia a Pamplona: un mensaje en cartón
La misión de Jeane se extiende mucho más allá de Denia. Su próximo plan es llevar su mensaje a través de la región, con instalaciones que ya están en proceso para Moraira y más allá.
Ella espera que sus lienzos de cartón y sus caras cosidas obligen a las personas a hacer una pausa, y piense. “La sociedad me ha dado mucho. Esta es mi forma de retribuir. Mi única arma es mi arte”.
Es un arte que se niega a halagarse. Eso se encuentra en la calle y habla. Eso hace preguntas incómodas en materiales hermosos y rotos.
Como ella escribe en las líneas finales de su carta:
“Si nadie más lo dirá, alguien debe. Por el nombre de San Fermín, que no merece esto”.
La apelación de Jeane no es solo para activistas o ambientalistas de los derechos de los animales, sino para cualquiera que crea que la tradición pública debe ser guiada por la ética, no por el hábito o las ganancias.
Su voz, cosida, pintada y pegada de restos, está llamando. ¿Alguien escuchará?
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