Dar un agradable paseo diario podría ayudar a frenar la acumulación de proteínas y el deterioro cognitivo asociados con la enfermedad de Alzheimer, revela una nueva investigación.
En un estudio cuidadoso de hábitos de vida, datos médicos y escáneres cerebrales realizados a cientos de voluntarios de alto nivel, un equipo dirigido por el General de Masa Brigham en los EE. UU. encontró que incluso un nivel modesto de actividad física puede ser suficiente para frenar la progresión de la enfermedad.
Los resultados sugieren que un estilo de vida sedentario podría desempeñar un papel importante en el declive del Alzheimer, pero eso también lo convierte en un objetivo fácil para la intervención.
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La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad degenerativa y progresiva caracterizada por una degradación continua de la memoria a corto plazo. También es frecuente: se estima que una de cada tres personas mayores de 85 años vive con la enfermedad de Alzheimer.
Los científicos aún tienen que encontrar una cura, pero comprender cómo funciona puede al menos ayudar a desarrollar estrategias terapéuticas.
Para investigar el efecto del ejercicio en la progresión del Alzheimer, un equipo dirigido por la neuróloga Wai-Ying Wendy Yau estudió a 296 participantes en el Harvard Aging Brain Study (HABS).
Estos participantes, de entre 50 y 90 años, no tenían ningún deterioro cognitivo en el momento en que comenzó el estudio. El estudio los siguió durante hasta 14 años, monitoreando, entre otras cosas, marcadores de la enfermedad de Alzheimer.
Esto incluyó exploraciones para detectar amiloide y tau (las dos proteínas cuya acumulación está asociada con la enfermedad), así como pruebas cognitivas continuas. La actividad física de los participantes también se cuantificó mediante podómetros portátiles.
Los resultados no mostraron ningún vínculo entre la actividad física y la acumulación de amiloide, pero sí hubo una conexión clara con la acumulación de tau y el deterioro cognitivo. Aquellos que participaron en niveles moderados de actividad física de entre 5.000 y 7.500 pasos por día redujeron notablemente tanto la tasa de acumulación de tau como el deterioro cognitivo.
Sin embargo, aquí es donde el efecto se estancó; más de 7.500 pasos al día produjeron el mismo efecto.
Por otro lado, incluso una actividad modesta (entre 3.000 y 5.000 pasos diarios) ralentizó los mismos marcadores del Alzheimer, aunque en menor medida.
Si bien es posible que aquellos clasificados como deportistas moderados fueran propensos a realizar otras actividades que podrían explicar sus resultados, esta tendencia sugiere que la actividad física podría ser un objetivo terapéutico accesible para la prevención del Alzheimer. Los rastreadores de actividad portátiles, señalan los autores, pueden ofrecer una forma sencilla de monitorear y fomentar esos beneficios.
“En conjunto”, escriben los investigadores, “nuestros hallazgos respaldan el enfoque de la inactividad física como una estrategia en futuros ensayos clínicos aleatorios para modificar la trayectoria de tau y la cognición en la EA preclínica, y potencialmente proporcionar un objetivo de actividad física más fácil de entender y más alcanzable para personas mayores sedentarias con alto riesgo de deterioro cognitivo”.
El artículo ha sido publicado en Nature Medicine.
