Existe un escenario en el que los republicanos se encuentran en una situación muy diferente en este momento. Imaginemos un Estados Unidos donde Donald Trump no sabotee la economía estadounidense con aranceles, recortes de atención médica y una guerra en Medio Oriente.
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Se estima que la inflación podría haber estado cayendo actualmente y el crecimiento de Estados Unidos habría sido del 5% si Trump no hubiera hecho nada.
El presidente no se conformó con crear una crisis económica de la nada.
También ha creado una crisis política para su propio partido.
La crisis económica ha abierto la puerta para que los demócratas controlen el Senado de Estados Unidos en noviembre, y Trump echó más gasolina a ese fuego cuando envolvió en papel de regalo la nominación republicana al Senado de Texas y se la entregó al fiscal general estatal leal, plagado de escándalos, Ken Paxton.
En la política electoral, hay un efecto dominó cuando un partido político se ve obligado a defender a un candidato en un estado que lo ha apoyado de manera confiable.
Uno de los argumentos que los republicanos en Texas y a nivel nacional habían estado esgrimiendo durante meses contra la nominación de Paxton era que nominar a un candidato tan débil en un estado rojo haría que el partido gastara menos en apoyar a candidatos en otros campos de batalla del Senado.
El escenario de la pesadilla republicana parece que se hará realidad.