Pedro Sánchez ha sido primer ministro de España desde 2018 y durante gran parte de ese tiempo ha disfrutado de índices de popularidad muy sólidos. Pero últimamente todo se ha torcido debido a una serie de escándalos de corrupción que supuestamente involucran a su esposa, su hermano y un ex primer ministro. Algunos de sus colaboradores clave han sido encarcelados y aumenta la presión dentro y fuera de su partido para convocar elecciones anticipadas o incluso “hacer un Keir Starmer”, como sugirió un portavoz de la oposición en el parlamento la semana pasada.
Sánchez está más aislado que nunca pero se niega a dar marcha atrás. Pero existe el peligro de que Feijóo, el líder del opositor Partido Popular, pueda lograr unir al partido catalán Junts y al ultraderechista Vox para exigir que Sánchez se enfrente a una moción de censura o dimita. Conseguir que Junts esté de su lado es un reto complicado. Aunque el partido es de derechas, quieren la independencia de Cataluña y saben que Vox y el PP nunca la aceptarán.
Sin embargo, si Sánchez resulta incapaz de detener la podredumbre de su partido socialista y de su gobierno, la presión puede resultarle excesiva. Starmer hizo todo lo posible para aguantar, pero al final no le quedó otra opción. Y Sánchez, si no tiene cuidado, podría encontrarse en la misma situación. Ya se empiezan a plantear dudas sobre quién sería la mejor persona para sustituirle.