Con el Parlament ya constituido empieza la andadura hacia la futura investidura del próximo president de la Generalitat. Esto, si no hay una repetición electoral, un escenario que todavía no se puede descartar. La configuración de la Mesa era el primer paso, y su votación se estiró hasta el último día hábil para hacerlo: el 10 junio, 20 días después de las elecciones catalanas. Con el órgano rector ya formado, el jefe de la Cámara, Josep Rull (Junts), ha marcado los tiempos de una investidura.
El martes empezará la ronda de consultas con los líderes de los grupos parlamentarios para proponer un candidato para el debate de investidura que se alargará hasta el miércoles. Si de los encuentros sale un candidato que se postula y que reúne los apoyos para ser president, el martes 25 de junio, 10 días hábiles después de la constitución del hemiciclo, se celebrará un pleno de investidura con el postulante. Si no lo hubiera, ese mismo día, en el pleno, Rull firmaría un acto equivalente a una investidura fallida, que activaría el reloj electoral de dos meses, el margen que hay para evitar una repetición electoral automática.
En esta primera votación, el candidato necesitaría una mayoría absoluta, es decir, 68 votos. De no lograr estos apoyos, la ley estipula que dos días después de la votación fallida, el 28 de junio, se celebraría un nuevo debate con el mismo candidato, quien esta vez requeriría de una mayoría simple: más votos a favor que en contra.
Los dos candidatos que han mostrado su voluntad de presentarse a la investidura son Salvador Illa (PSC), ganador de las elecciones y con más opciones de ser elegido con un posible pacto con los Comuns y ERC; y Carles Puigdemont (Junts), quien asegura poder amarrar más apoyos que su rival, aunque lo cierto es que requiere de una abstención del PSC que los socialistas le niegan.
El presidente de la Cámara, Rull, es independentista, por lo que todo apuntaba que se decantaría por presentar la propuesta de Puigdemont. Pero, los posconvergentes han descartado postularlo si no tiene los apoyos suficientes. Para tenerlos, necesita la abstención del PSC en segunda votación (mayoría simple), un escenario que los socialistas descartan.
La aritmética no apunta a una fácil investidura. Si fuera Illa el primer postulante, requeriría de los apoyos de los republicanos, quienes, en pleno periodo de reflexión por la crisis interna, no dan pistas sobre qué papel jugarán y someterán su voto a lo que decida la militancia. El lunes, ERC votó a favor de una mesa presidida por Junts, pese a que los socialistas reconocieron haberle ofrecido la presidencia de la Cámara. Unos pactos que, no obstante, los partidos ya han desvinculado a los acuerdos de la futura investidura.
Celebrado el pleno, si la investidura fracasa, el presidente del Parlament puede hacer otra ronda y salir de ella con una nueva propuesta de candidato, con las mismas reglas que la anterior, pero el reloj hasta una repetición electoral ya estaría activado desde la primera votación fallida, lo que implica que, en como máximo, dos meses, si no hay un president elegido, se convocan automáticamente unas nuevas elecciones. En caso de que haya un postulante con opciones, su debate debe celebrarse, como tarde, el 26 de agosto.
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¿Cuándo serían las nuevas elecciones?
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Llegado al escenario de la repetición electoral, los comicios serían convocados de manera inmediata por el president en funciones, Pere Aragonès (ERC), ese mismo día. La ley dicta que deberán celebrarse 47 días después de la convocatoria. Es decir los catalanes volverían a tener una cita con las urnas la segunda semana de octubre.