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El primer ministro español, Pedro Sánchez, se convirtió el jueves en un improbable defensor del multilingüismo al solicitar que el euskera, el catalán y el gallego sean reconocidos como idiomas oficiales de la UE.

La propuesta, que quedó plasmada en una carta enviada por el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, a la presidencia de turno del Consejo de la Unión Europea y a la secretaria general del organismo, Thérèse Blanchet, argumentó A las 24 lenguas oficiales de la UE habría que añadir “las lenguas españolas distintas del castellano que gozan de estatus oficial en España”.

Albares propuso que el Consejo de Asuntos Generales aborde el asunto cuando se reúna en septiembre.

El aparentemente repentino deseo de que el euskera, el catalán y el gallego sean reconocidos en Bruselas está vinculado a la voluntad de Sánchez de apaciguar a los separatistas catalanes. cuyo apoyo necesita para permanecer en el cargo.

Después del mes pasado elección nacional no concluyente, el parlamento español está en un empate técnico, con los bloques políticos de izquierda y derecha del país controlando cada uno 171 escaños en la cámara de 350 escaños. Eso hizo que ganarse el apoyo de los siete legisladores que pertenecen al partido separatista catalán Junts sea una prioridad clave para Sánchez.

A cambio de Junts apoyo Para Francina Armengol, la candidata socialista a la presidencia del Parlamento español, Sánchez acordó dar luz verde al uso del catalán en el hemiciclo de Madrid e impulsar su reconocimiento como lengua oficial de la UE.

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Pero conseguir que la UE reconozca el euskera, el catalán y el gallego, que son lenguas cooficiales en España, es más fácil de decir que de hacer.

Hasta la fecha, el irlandés es el único de los idiomas cooficiales del bloque con reconocimiento oficial a nivel de la UE, un estatus que permite a los ciudadanos utilizarlo para comunicarse con las instituciones.

Para dar a las lenguas cooficiales de España ese mismo nivel de distinción es necesario que el Consejo acuerde por unanimidad modificar su normativa vigente. No está claro si todos los países miembros de la UE respaldarán una medida que podría llevar a las minorías nacionales a exigir que sus propios idiomas gocen del mismo reconocimiento en Bruselas.

Otros miembros de la UE pueden sentirse asustados por el costo potencial del cambio: Dotar de personal a las instituciones de la UE con traductores de euskera, catalán y gallego probablemente costaría millones de euros.

No está claro si habría una redistribución del efectivo asignado a los servicios de traducción de las instituciones o si España necesitaría asumir una mayor parte de los costos.

La falta de un número suficiente de traductores cualificados también podría llevar al euskera, el catalán y el gallego a sufrir una suerte similar a la del irlandés, que se convirtió en lengua oficial de la UE a petición de Irlanda en 2007 pero carecía de recursos para disfrutar de ese estatus hasta 2022.

En Bruselas, el líder de facto de Junts, el expresidente catalán Carlos Puigdemont, dicho Esperaba que España utilizara su presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea para lograr avances rápidos en la propuesta.

Añadió que el proceso brindaría a Sánchez una “magnífica oportunidad” para demostrar que puede cumplir su palabra antes de futuras negociaciones con Junts.

Barbara Moens contribuyó con el reportaje.