El campo de concentración gay canario de Tefía será reconocido como lugar de memoria democrática • The Canary News

El campo de Tefía, también conocido como Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, fue un famoso campo de concentración durante la dictadura franquista. Funcionando entre 1954 y 1966, fue un lugar de encarcelamiento y tortura, particularmente para personas LGBTQIA+. Los orígenes del campamento se remontan a la Ley de Vagos y Maleantes de 1933, y el concepto inicial se formó durante la Segunda República en 1935. Una mancha notoria en la memoria viva de Canarias, los activistas LGBT han pedido durante mucho tiempo que las injusticias y atrocidades cometidas allí sean recordado y reconciliado.

De manera similar, la Sima de Jinámar, un abismo volcánico de 80 metros de profundidad, tiene una historia sombría. Los informes sugieren que durante el régimen de Franco, se utilizó como fosa común donde se ejecutó a hasta 100 prisioneros republicanos, literalmente arrojados a la muerte. La primera expedición oficial a este sitio se llevó a cabo en septiembre de 2020, con el objetivo de descubrir las verdades enterradas en su interior.

El anuncio de Torres se produjo durante su visita al pozo de Tenoya en Arucas, Gran Canaria, una de las pocas fosas comunes de la época franquista excavadas en Canarias. Su compromiso con estos sitios surge desde su mandato como alcalde de Arucas, donde jugó un papel fundamental al iniciar la exploración de estos “pozos del olvido”.

La Colonia Penal de Tefia

El campo de Tefía, conocido como Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, fue un campo de concentración durante la dictadura franquista en España, ubicado en el pueblo de Tefía, y parte del municipio de Puerto del Rosario en la isla de Fuerteventura.

Funcionó entre 1954 y 1966 y fue una de las instalaciones previstas en el proyecto original de 1933. Ley de Vagos y Maleantes (Ley de Vagabundos y Ladrones), destinada a la rehabilitación de personas indeseables.

La idea de la colonia agrícola penal en Fuerteventura surgió, durante la Segunda República, en julio de 1935 bajo el gobierno de Alcalá Zamora. El campo de Tefía sirvió como lugar de reclusión tanto para presos comunes como políticos y también fue utilizado para la reeducación de homosexuales.

La importancia de estas iniciativas va mucho más allá del reconocimiento histórico. Al reconocer estos sitios como lugares de memoria democrática, el gobierno español no sólo está honrando a las víctimas de atrocidades pasadas sino que también está haciendo una poderosa declaración sobre su dedicación a los principios democráticos y los derechos humanos. La medida es parte de un esfuerzo más amplio para sacar a la luz las historias olvidadas o ignoradas de las víctimas del régimen de Franco y brindar un cierre a sus familias.

Para la sociedad civil española, especialmente en las Islas Canarias, estos reconocimientos son cruciales para abordar el silencio y el abandono de larga data que rodean estos capítulos oscuros de su historia. Sirven como testimonio de la resiliencia y la dignidad de quienes sufrieron bajo la dictadura.

El Abismo Sima de Jinámar

Durante el régimen de Franco, la Sima de Jinámar ganó notoriedad como un lugar donde sindicalistas y republicanos eran sacados por la fuerza de sus hogares, a menudo durante la noche, torturados y, muertos o, a veces, todavía vivos, arrojados al abismo. Se cree que el abismo contiene restos de cientos de cadáveres no sólo de la época franquista sino también de épocas anteriores y posteriores. En septiembre de 2020 se puso en marcha una expedición oficial para un estudio arqueológico de este tubo volcánico, organizada por el Cabildo de Gran Canaria.

El primer incidente registrado en la Sima de Jinámar se remonta a antes de la conquista española, en 1393. Desde mediados del siglo XIV, hacia el año 1351, una expedición de frailes franciscanos mallorquines que habían llegado a la isla, entonces conocida simplemente como Canaria, vivió entre los nativos canarios en la época prehispánica.

Se cree que construyeron la primera iglesia de la isla, en una cueva de El Pajar en la costa sur, y viajaron como parte de un proceso de evangelización autorizado por el Papa Clemente VI. Los misioneros mallorquines permanecieron durante casi cuatro décadas, hasta que en 1393 el rey de Castilla, Enrique III, envió una flota de seis barcos que saquearon Canaria y capturaron parte de su población, esto provocó un levantamiento de los aborígenes contra los mallorquines. Los antiguos canarios arrojaron al abismo a 13 franciscanos en represalia por los continuos ataques que sufría la isla por parte de los navegantes europeos que intentaban invadirla.

El sitio hoy refleja una sensación de abandono y abandono, con escombros y basura esparcidos a lo largo del camino que conduce a él. Una valla custodia el abismo, y una cruz instalada en los años 1970 sirve como único monumento a quienes descansan en este insólito lugar, junto con pequeños símbolos y una olvidada bandera republicana que adorna las paredes del tubo volcánico.

Para muchos miembros de la sociedad española, y de hecho para la comunidad LGBT en las Islas Canarias y en toda España, el reconocimiento de lugares como el campamento de Tefía y la Sima de Jinámar como sitios de memoria democrática es profundamente significativo. Representa un reconocimiento oficial de la persecución y el sufrimiento que soportaron durante la época franquista. Estas medidas son vitales para sanar heridas históricas y fomentar una sociedad más inclusiva y tolerante, especialmente en un momento de creciente populismo de extrema derecha no sólo en España, sino en toda Europa.

La designación de Tefía y Sima de Jinámar como lugares de memoria democrática es un aspecto crítico en el camino de España hacia el reconocimiento de su pasado. Es un viaje que busca honrar la memoria de quienes sufrieron, al tiempo que refuerza el compromiso del país con un futuro arraigado en la democracia, la libertad y el respeto por todas las personas, independientemente de su origen o identidad.