Cuando se trata de dietas más saludables, una de ellas siempre ha tenido la sensación de comerlo y comerlo. Durante décadas, nos han dicho que el secreto para estar bien es disfrutar de los deliciosos alimentos frescos del Mediterráneo. Se afirma que agregar más tomates, focaccia y aceite de oliva a su plato (y acompañarlo con un vaso de chianti) es una excelente manera de reducir las probabilidades de sufrir un ataque cardíaco o desarrollar diabetes tipo 2.
Lo más sorprendente de todo es que esto no es sólo una tontería exagerada. Durante más de 50 años se ha ido acumulando evidencia de que la dieta mediterránea realmente puede mejorar la salud de muchas maneras. “Tenemos grandes ensayos clínicos a largo plazo con eventos clínicos difíciles como resultados”, dice Miguel Martínez González en la Universidad de Navarra en Pamplona, España.
Y no muchas dietas figuran en la lista de la UNESCO. Hace una década, este organismo de las Naciones Unidas añadió la dieta mediterránea a su Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Pero a pesar de todos estos elogios, ha sido complicado descubrir qué tiene la dieta que produce tales beneficios. Para empezar, los nutricionistas no se ponen de acuerdo sobre la forma exacta que debe adoptar. Y luego están factores como comer en familia, cocinar en casa y otros elementos no dietéticos que hay que tener en cuenta. La buena noticia es que, durante la última década, hemos comenzado a aprender qué componentes de la dieta ofrecen los mayores beneficios para la salud y por qué. Esto significa que estamos más cerca que nunca de ofrecer el mejor asesoramiento…