Qué es la felicidad y, sobre todo cómo conseguirla, es quizás una de las preguntas más antiguas de la historia de la humanidad. La han querido estudiar filósofos, psicólogos, sociólogos y hasta gobernantes. Porque es sabido que una sociedad feliz será menos propensa a las revueltas ya querer cambios, en comparación con aquella que está desencantada con la vida, o hasta asqueada, y que poco o nada tiene que perder. Y es que la felicidad no deja de ser el nivel de satisfaccion con la vida. Un nivel de satisfacción o de bienestar que los catalanes se sitúan en un 6,9.
Así se desprende de un nuevo estudio realizado por el Govern a través de 4.000 entrevistas realizadas durante el último año. El objetivo de este nuevo indicado, tal como ha explicado el presidente Pere Aragonès Durante el acto de presentación celebrado este martes en el Convent dels Ángels, es conocer el bienestar de la ciudadanía y mejorar las políticas públicas al respecto. Parafraseando la estrofa de los ‘segadors’ que habla de una “Catalunya rica i plena”, Aragonès lo ha resumido asegurando que el objetivo del Govern que la ciudadanía sea “feliz” y que viva “una vida llena”.
Así, ha recordado que actualmente el ejecutivo tiene muchos indicadores para interpretar el contexto, como la evolución del PIB o el PIB per cápita, así como otros muchos indicadores sectoriales, pero ha destacado que hay “importantes lagunas” para interpretar loas “sentimientos” y las “prioridades” de la ciudadanía que pueden ayudar a orientar las políticas, algo que este nuevo indicador quiere cambiar. Porque detrás de esta nota que se queda rozando el notable en felicidad y de la posibilidad de que mejore, hay factores en los que el Govern tienen incidencia, especialmente en los que tienen que ver con la situación económica, la laboral o la vivienda.
El dinero sí da la felicidad
Y es que una de las conclusiones del informe es que el dinero sí es muy importante para conseguir la felicidad. Según los datos de la Generalitat, el nivel de bienestar con la vida aumenta exponencialmente a medida que aumentan también los ingresos. Así, las personas que tienen unos ingresos familiares de menos de 1.000 euros ponen un 6 a la vida, mientras que los que cobran más de 5.000 puntúan su felicidad en un 7,5. Además, el estudio también señala otros factores, como que la dependencia económica hace disminuir el nivel de satisfacción en 1,5 puntos o que las personas que viven de alquiler tienen un nivel de satisfacción menor en comparación con las que viven en una vivienda de propiedad . Y, siguiendo la lógica, mucho más elevada es la felicidad si esta ha sido heredada o si ya está pagada.
Algo similar pasa con la situación laboral. Las personas que están en situación de desempleo puntúan su felicidad con poco más que un aprobado -5,8-, mientras que aquellos que tienen un trabajo remunerado le ponen un 6,9. Los jubilados son los más felices, marcando su felicidad por encima del 7. Esto explica por qué los jóvenes están más insatisfechos que las personas de más de 65 años. Un 11% de las personas entre 18 y 29 años están poco satisfechos y un 28% lo están moderadamente, en comparación con la franja de mayores de 65, en la que solo hay un 5% de las personas se manifiesta poco satisfechas y un 20 % lo está moderadamente.
Salud y familia, las otras prioridades
Sin embargo, los catalanes también dan mucha importancia a la salud ya la familia, aquí sí cumpliendo con los grandes tópicos que siempre se han relacionado con la felicidad. Así, aquellos que tienen una salud muy mala ponen un 4,4 a su nivel de satisfacción, mientras que los que lo consideran muy bueno lo elevan hasta el notable alto, llegando al 7,8. Además, los datos del Govern señalan que la felicidad de una persona que padece una enfermedad o un dolor incapacitante llega a estar dos puntos por debajo que los que no lo padecen.
En el caso de la salud mental, cabe destacar que pocas personas lo marcan como uno de sus indicadores de felicidad -solo un 3%-, aunque los impulsores del informe recalcan que aquellos que lo sitúan como prioridad, tienen un nivel de satisfacción muy por debajo de la media. También resaltan que los jóvenes son más propensos a señalar la salud mental como un factor clave para su bienestar, en comparación con los más mayores.
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Respecto a la familia, los hogares monoparentales con un menor a cargo son los que tienen un nivel de felicidad más bajo, con un 6,1; mientras que las parejas con hijos que aún no llegan a la mayoría de edad le ponen un 7,1.
Dentro de los medios
Con todo, este 6,9 se sitúa a los catalanes dentro de la media española y de los países de su entrono, aunque según el Govern los estudios no son comparables. La última encuesta de condiciones de vida del Eurostat situó los medios españoles en un 7,1; mientras que el de la OCDE -Better Life Index- marcó con un 6,7 la felicidad de los europeos. A partir de ahora, el Govern prevé monitorizar estos datos y hacer un estudio cada tres meses para analizar su evolución. La previsión es que el nivel de satisfacción dentro de un año llegue al 7,1.