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¿Y si existiera un juego de mesa perfecto? ¿Alguna combinación de tableros, piezas y reglas (tal vez con algunas adiciones aún por inventar) que crearía una experiencia insuperable, el único juego de mesa que alguien quisiera jugar?

Así es como se sienten los físicos acerca de la teoría de todo, un supuesto marco “final” que explicaría toda la realidad de una sola vez. Este es el objetivo final de la física, con Stephen Hawking Una vez escribió de manera memorable que encontrarlo sería conocer “la mente de Dios”.

Es una misión audaz, hasta el punto de que algunos la consideran quijotesca. A estas alturas, no cabe duda de que descomponer la realidad en piezas cada vez más fundamentales no ha funcionado del todo. Pero el beneficio potencial de una teoría final es tan enorme que algunos físicos se niegan tenazmente a darse por vencidos y ahora están girando hacia un enfoque radicalmente nuevo.

Dado que una teoría del todo tiene que explicar todas las partes constituyentes de la realidad, incluidos el espacio y el tiempo, la idea es que debemos partir de una premisa aún más básica. Es por eso que una avalancha de nuevas teorías que podrían ser definitivas no se basan en absoluto en la física, sino en un paisaje salvaje de geometría abstracta. ¿Quizás la verdad científica fundamental resida en las matemáticas de una joya metafísica que calcula el universo, o en un reluciente tapiz de triángulos y tetraedros?

Esto puede parecerle extravagante, pero tiene sentido para Peter Woit, matemático de la Universidad de Columbia en Nueva York. «Nuestras mejores teorías ya son profundamente geométricas»…