Quedan seis semanas para que la militancia de Esquerra decida quién será su nuevo líder. 42 días para unas primarias enmarañadas por los carteles de los hermanos Maragall y sin que haya visos de acuerdo para calmar la tensión en las filas. Más bien todo lo contrario. La estructura b es ya un arma arrojadiza para ganar y se convierte en el pilar de la campaña b, aquella que se diseña sin micrófonos y que se esconde entre los mensajes públicos, para los dos principales sectores del partido, los ‘junqueristas’ y los ‘roviristas’.
[–>Rovira ya se ha despedido de su cargo de secretaria general del partido, por mucho que deba mantenerlo provisionalmente hasta que la votación la reemplace. Quiso hacerlo arropada por la plana mayor del aparato, favoreciendo incluso la reaparición pública en la calle de Calàbria de dos de los señalados por las campañas que están bajo la lupa, el exviceconseller Sergi Sabrià y el exvicesecretario de comunicación, Marc Colomer.
Una despedida en la que quiso repasar toda su trayectoria política y destapar todos los roces acumulados con Junqueras desde 2017, mostrando incluso una foto captada por ella de la noche del 1-O en el Pati dels Tarongers del Palau de la Generalitat, completamente vacío, para demostrar veladamente la ausencia del que era presidente del partido además de vicepresidente de aquel Govern en el recuento de votos.
Aquella conferencia fue, para el entorno de Junqueras, la demostración de que Rovira representa el “poder” en el partido, refiriéndose al control que ha tenido y tiene sobre el aparato, en contraposición con el liderazgo de Junqueras, que reúne más apoyos entre la militancia que entre la cúpula. Para ahondar en este relato, los ‘junqueristas’ se sirven de una provocación del dirigente en el acto en el que presentó su candidatura el pasado 21 de septiembre: “No nos dejaremos aleccionar por aquellos que nunca han colgado ni descolgado carteles electorales”, aseveró, en alusión a los consellers del Govern de Pere Aragonès. Y los que formaron parte del equipo de gobierno, entre ellos la que fuera vicepresidenta, Laura Vilagrà, ha difundido fotografías empapelando en las calles la presentación de la candidatura ‘rovirista’ Nova Esquerra Nacional, la que encabeza Xavier Godàs. “El traje versus la camisa de manga corta”, bromean fuentes de Militància Decidim.
[–>Junqueras se mueve en un Dacia azul y Godàs en una Honda roja. El trayecto es largo, por toda Catalunya y contra reloj. Las sensaciones entre las candidaturas, en parte, son compartidas: hay temor a que el caso de los carteles de los Maragall (y las acusaciones cruzadas sobre quién sabía y qué y quién hizo qué) desmovilicen a los militantes el 30 de noviembre. La retahíla de reproches polariza a los indecisos, sí, pero está por ver si convence a los abstencionistas.
Las cuatro listas quieren medirse en el recuento y descartan pactos antes del 1 de diciembre. Después, ya se verá, porque ha habido conversaciones entre Nova Esquerra Nacional y Foc Nou (candidatura liderada por Helena Solà) para juntar sus apoyos si Junqueras no rebasa el 50% de los votos y hay que someterse a una segunda votación.
En Nova Esquerra Nacional creen que el tiempo juega a su favor, porque tener cuatro caras visibles les permite llegar a mayor parte del territorio en un mismo día. La obsesión pasa por recuperar el tiempo perdido, aquellos meses en que nadie conocía quién iba a encabezar la alternativa a Junqueras y aguantar la curiosidad por la pretendida renovación en los medios y militantes, desmarcándose de la estructura b de los carteles e incluso negándola.
Ahora bien, Junqueras lleva tiempo en su ‘tournée’ particular y tanto es así que la creación de su cuenta de X está fechada en mayo, cuando se convoca el congreso. Solo puede correr un riesgo: que la campaña se le haga larga y cometa algún error. Por eso el convencimiento de su equipo es evitar que su líder entre públicamente al fango. Y aquí es donde las candidaturas chocan entre quién ataca y quién se defiende por los carteles.
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Quien sí ha saltado a los medios con el fin de defenderse es el exdirector de comunicación de ERC, Tolo Moya, a quien la investigación del partido le endosa la responsabilidad de los carteles de los Maragall. Ataca al partido, pero señala directamente a Sabrià, por consiguiente, a Rovira; mientras exonera a Junqueras de lo ocurrido porque no hay pruebas sobre su implicación, aunque por acción u omisión sea responsable también de aquello.
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Moya busca reparación: que no sea el único que cae y que salga a la luz la construcción de la estructura b. Se confiesa desolado, abandonado por todos, pero celebra que ERC abra una nueva investigación tras el informe inicial del 12 de julio. A nadie se le escapa que para Junqueras es una forma de enmendar el primer documento y, para Rovira, una simple ampliación del caso; pero sea como sea es un balón de oxígeno. Nada quedará resuelto antes del final de noviembre, así que nadie será responsable de cómo se resuelva hasta que los militantes voten. Mientras, la campaña b se sirve de la estructura b, y solo sus promotores saben si ya está desarticulada.
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