En ciertos círculos, la potente N,N-dimetiltriptamina (DMT) psicodélica es conocida como la “molécula espiritual” por su peculiar capacidad de transportar personas a otros mundos. Quienes lo toman suelen experimentar colores vibrantes, patrones geométricos abstractos e incluso conocer elfos y extraterrestres, todo de una manera que se siente completamente real.
Todo esto puede parecer lo más alejado posible del ámbito de la ciencia empírica, pero no para los neurocientíficos. Zeus Tipado. En su laboratorio en Maastricht, Países Bajos, está planeando un experimento extravagante en el que monitoreará los cerebros de personas a las que se les ha administrado DMT mientras usan un casco de realidad virtual. La esperanza es que al observar lo que sucede cuando nos deslizamos hacia otra forma de realidad, podamos comprender cómo nuestras mentes construyen la que experimentamos en la vida cotidiana. “Nuestro cerebro se engaña fácilmente sobre lo que es la realidad”, dice Tipado.
Ya ha encontrado indicios tentadores de una nueva red cerebral que cree que podría subyacer a la sensación que tenemos de estar inmersos en un mundo, ya sea la vida real, la realidad virtual o un viaje inducido por drogas. Espera identificar y tal vez incluso aprender a controlar este hipotético “circuito de inmersión”. Si puede, podría permitirnos aumentar o disminuir cuán creíble es una experiencia, crear terapias más efectivas para las enfermedades mentales y producir mundos de entrenamiento más viscerales para cirujanos o bomberos. Por supuesto, también sería un gran avance en la neurociencia.
Máquinas de predicción
No entendemos completamente cómo nuestras mentes crean la experiencia perfecta de…