La amnistía judicial se acordó en 2023, se redactó y aprobó en 2024 y no será hasta este 2025 cuando se resuelva si se aplica a los principales líderes del 1-O; pero la amnistía política que reclama el expresident Carles Puigdemont sigue pendiente de una fotografía con Salvador Illa y Pedro Sánchez. Si son dos capturas, mejor; y al presidente de Junts no le basta con recibir en Bélgica a un conseller o a un ministro.
En realidad el exjefe del Govern no reclama otra cosa que no sea lo que ha pedido siempre: el reconocimiento político a su figura y el fin del ostracismo al que considera que se le ha condenado desde Madrid, lanzar el mensaje de que la negociación es de tú a tú, hablen o no directamente con él para negociar con JxCat, y valorar su referencialidad en el tablero.
Pero estas fotografías no son las únicas amnistías políticas que se esperan este año, ya que hay que tener en el radar, al menos, otras tres.
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Tanto el PP como Junts están dispuestos a mantener alianzas puntuales en las Cortes aunque inquiete a buena parte de sus filas. No hay contacto directo entre Puigdemont y el líder popular Alberto Núñez Feijóo, pero sí intermediarios que negocian con su plácet, y de eso se sirvió Sánchez para defender que Feijóo ya ha amnistiado políticamente a Puigdemont sin necesidad de que haya una foto que lo pruebe.
Feijóo trata de aislarse de las críticas de Isabel Díaz Ayuso por el acercamiento a Junts porque prioriza alejarse de Vox para recuperar el centro político, pero no se puede obviar que es solo gracias a la ley de amnistía acordada con el PSOE que Junts ha podido levantado su veto a los populares y que estos no habrían aceptado las condiciones que han ido imponiendo a Sánchez, en especial el catalán en las Cortes y su oficialidad en la UE, el traspaso de competencias en inmigración y la exoneración de las causas del ‘procés’.
Para los posconvergentes todo se ciñe a un juego de intereses en materia fiscal y defienden que no forman parte de ningún bloque y que pactan mirando el qué y no con quién; mientras en el Parlament cargan a ERC cualquier movimiento del Govern que no les agrada por haber investido a Illa.
En Junts rechazan que les pase factura pactar puntualmente con el PP, más bien creen que les beneficia porque les permite marcar de cerca a Sánchez e imponerse a Esquerra como mejor postor, aunque saben que solo podrán tensar la cuerda mientras Sánchez no la rompa y no decida convocar elecciones, porque entonces correrían el riesgo de no volver a ser decisivos para la gobernabilidad. Mientras Puigdemont no pida gestos ni fotos a Feijóo, habrá amnistía política del PP para rato.
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El president tiene claro que debe mimar a ERC y los Comuns. Son la llave de su éxito, más que de su estabilidad, ya que no hay suma alternativa posible que pueda desbancarle desde la oposición. Con Oriol Junqueras ya ha abierto un hilo directo de comunicación, pese a que para el republicano la prioridad ahora es poner orden en su partido y recuperar su autoridad moral tras una campaña interna que ha abierto en canal a la formación.
Junqueras tiene y necesita tiempo para asentarse, así que Illa frenó la urgencia de sus presupuestos, pero velará para que no se eternice la negociación. La relación entre Illa y Junqueras es compleja, hay hondos reproches y una hemeroteca repleta de ataques. El que más hirió al president fue cuando Junqueras dijo que “muchos dirigentes del PSC se irritaron las manos aplaudiendo” su encarcelamiento, pero hay predisposición por ambas partes a sanar en pro de la nueva normalidad y la normalización institucional.
La amnistía política a Junqueras se da por descontada en el Govern desde que fue elegido por la militancia e Illa no descarta fotografiarse con él como líder de Esquerra, una imagen que no se dio cuando suscribieron el pacto de investidura porque por aquel entonces ya había dimitido para poner en marcha su campaña interna en Esquerra.
Junqueras espera lo propio de Sánchez, para que no se le olvide al Gobierno que también necesita sus votos en el Congreso aunque no amaguen con apoyar al PP como Junts. El jefe del Gobierno ya se comprometió a reunirse con él el año pasado, pero públicamente todo quedó en una conversación telefónica. Ahora parece que no habrá dilación, pero el dilema de Sánchez es a quién prioriza, teniendo en cuenta que con Puigdemont debe verse en el extranjero -donde reside desde que se marchó del Estado en 2017- y que no ha cumplido condena; mientras que con Junqueras puede reunirse en Madrid tras haberle indultado. De su elección puede depender también el precio que cada uno le ponga a sus votos.
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En el caso de los dos líderes del 1-O, puede haber más de indulto que de amnistía. Es más que conocida la mala relación entre Puigdemont y Junqueras, pero ambos han tratado de perdonarse y el tiempo les ha vuelto a poner al frente de sus respectivos partidos, pese a que crecía el clamor en favor de nuevos liderazgos dentro del independentismo. Que haya un horizonte común y entren en el olvido que supone una amnistía política dependerá de su habilidad para recuperar la confianza, pero el choque entre dos partidos con la misma estrategia en Madrid que debería facilitarlo se ve impedido por la competición que mantienen en Catalunya. Ya se vieron en julio, y se emplazan a volver a reunirse, pero el PSC es ahora un actor que se entromete en su relación.